Vientos salutíferos
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Los beneficiarios de esa hegemonía cultural izquierdista -partidos, medios y las colosales redes de chiringuitos- están alarmando y pretenden que el nuevo partido es una amenaza para las libertades y la Constitución. No veían problemas en Podemos, ultraizquierdista simpatizante de ETA, con líderes pagados por dictadores y amigos de narcotraficantes terroristas de las FARC y Cuba. Decidido a acabar con España. Pero se dicen aterrados por un partido dirigido por dos exmiembros del PP, víctimas de ETA, con un programa que comienza con la defensa de España, su Rey y su Constitución. Lo que está amenazado, más que nunca y para entusiasmo de millones, es la supremacía de ese chiringuito supremo que es el consenso bajo la estricta observancia de las reglas ideológicas de la izquierda, que el centro y la derecha en España habían acatado con docilidad desde 2004.
Si ridículos son los gritos de estas casandras televisivas, más lo son esas voces que dicen que no pasa nada y que el nuevo partido puede ser ignorado porque no logra ni logrará nada. El nuevo partido no es sino una forma más de expresión de la reacción de autodefensa de la nación española. Que tan bien encauzó y representó el discurso del Rey en 2017. Tan cuestionada, maltratada, despreciada y saqueada, la nación ha dicho basta y toca a rebato. Y de repente pasan cosas que nunca habían pasado. En Sevilla el PSOE pierde el poder. Pablo Casado salva al PP de una catástrofe segura. Y aunque aun rodeado de culpables del naufragio, nombra a gente dispuesta a defender el español en Galicia como en Cataluña. Y a combatir leyes ideológicas del colectivismo neomarxista inaceptables. El partido Ciudadanos está en un dilema en el que se juega su existencia. No podrá quedar en medio entre quienes defienden la nación y quienes la atacan. Podemos salta en pedazos. Pablo Echenique pone en su perfil de Twitter la bandera nacional, la que da asco a Pablo Iglesias. Íñigo Errejón habla de su amor a España como si fuera Ramiro de Maeztu. Y en Extremadura, el parlamento regional con el voto socialista exige al Gobierno de Pedro Sánchez, ese máximo exponente del embuste, que aplique en 155 en Cataluña e imponga la ley en defensa de la unidad de España.
Van a pasar muchas más cosas una vez desatados estos vientos salutíferos. Y no será un partido el protagonista, sino todos aquellos que participen en esta genuina reacción nacional de reconquista de la verdad y el sentido común frente a la permanente farsa ideológica liberticida, amordazante y empobrecedora.
