La pandi a tortas
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El 17 de enero de 2014, tal día como ayer, se produjo la puesta de largo en el Palacio de Vistalegre del flamante partido Unidos Podemos (que hoy ya no puede ni está unido). Unos treintañeros henchidos de soberbia se jactaron de que había nacido una nueva forma de hacer política, solidaria, ejemplar, joven, sin mácula. Desde los conciertos de Viva la Gente no se había visto tal desparrame de almíbar sobre un escenario. «Somos un grito de alegría, porque somos mayoría», clamaba el joven Lenin de coleta y camisa arremangada.
Luego los padres fundadores se hicieron una foto, exultantes y abrazados: Luis Alegre, Carolina Bescansa, Monedero, Tania González, Iglesias y Errejón. Hoy ves aquella imagen y te viene a la mente el «Diez negritos» de Agatha Christie: todos han ido cayendo, hasta que solo ha quedado Iglesias (con su nueva mujer, a la que ha nombrado su lugarteniente). Al filósofo Alegre lo purgaron en Vistalegre 2. Monedero, honrando su apellido, se vio forzado a abandonar la escena por pícaro fiscal. Tania González está olvidada y ganando dinero como eurodiputada. Bescansa protestó por el pasteleo con los separatistas y fue oportunamente laminada. Y Errejón, ay, le devuelve ahora la puñalada a Iglesias y se va de ganchete con la taimada Abuelita Paz (que ella solita, con su plácida sonrisa, se ha cargado a Podemos en Madrid, roto ya en tres marcas: el carmenismo, el Podemos de Iglesias y los Anticapitalistas).
El partido implosiona justo en su quinto aniversario. Está en caída libre en los sondeos y es una jaula de grillos, a bofetada limpia en las comunidades. Los ángeles eran humanos. Odiaban y se apuñalaban por un carguito. El austero líder supremo chocheaba por el confort burgués y se compró un chaletazo. La apuesta por el modelo bolivariano se percibe hoy como lo que siempre fue: una chaladura. Hacían pillerías fiscales. Mercadeaban con pisos sociales. Cuando tocaron poder en los ayuntamientos impartieron un recital de incompetencia y sectarismo. Alguno, como el admirado Errejón, hasta hurtó una beca (por un importe veinte veces superior a los dos botes de crema de Cifuentes). Pero nunca se fue a casa y hasta imparte lecciones morales.
Podemos naufraga. Bueno para España, su democracia y su futuro. Al final resultó que el más serio del clan casi era el bebé de Bescansa, que por lo menos estaba callado en el Congreso.
