Un túnel como medida del europeísmo
El 17 de julio de 1747, 4.800 soldados piamonteses se atrincheraron para frenar el avance de 40.000 franceses. Nadie daba un escudo por ello, especialmente su comandante, el conde Giovanni Battista Cacherano di Bricherasio, que les autorizó a salir zumbando de ahí. La respuesta, en dialecto piamontés, llegó al poco. “Dite a Turin che da si nojautri i bogioma nen”. Ese “de aquí no nos movemos” ha definido la personalidad turinesa mucho tiempo, convirtiéndose en un lema de la ciudad. Pero también habla de un cierto clima que se respira estos días en un lugar dividido que busca ejercer de contrapunto al relato general que vive el país. Una resistencia cívica aflorada en el Salón del Libro, donde su director expulsó a una editorial declaradamente fascista que publicaba un tomo de entrevistas a Matteo Salvini. Pero también en instituciones de progreso como el Museo Egipcio y, especialmente, en una gran protesta cívica que unió a sindicatos, empresarios y trabajadores en noviembre a favor del túnel de 57 kilómetros que debería unir Turín y Lyon con un tren de alta velocidad (TAV).
