Viajar en tren era algo muy aburrido en el mejor sentido, tipo Suiza, vamos. La alta velocidad española sólo suscitaba debates colaterales, si hacía falta tanto tren veloz para jubilados sin prisa, si nos lo podíamos permitir cuando en países más ricos no soñaban con tanto kilómetro de ferrocarril de alta gama. La única aventura, impresentable, era la web de Renfe. Pero llegó la bendita competencia hasta que vino la incompetencia en las vías. Qué lejos aquel recuerdo de viaje en Acela Boston-Nueva... Читать дальше...