La papa de Pizarro
Huyendo de las colas del Prado y últimamente también de las inauditas del museo Cerralbo , decidí largarme a Trujillo. Dos horas y media desde Madrid, por autovía, sin mirar atrás. Y al llegar, tuve la sensación rara (y magnífica) de haber cruzado no solo Castilla, sino también el Atlántico y cinco siglos de historia. Porque Trujillo, qué quieren que les diga, parece el Nuevo Mundo, pero al revés: como si América hubiera venido a posarse con cuidado sobre este pedazo de Extremadura. Quién se lo iba a decir a Pizarro... Читать дальше...
