Las mentiras que marcaron el suicidio de Jeffrey Epstein
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El preso se encontraba en una prisión de máxima seguridad. «Hacía 21 años que no se producía un suicidio precisamente por la estrecha vigilancia de los internos», explicó Baños. En las celdas no hay materiales para que un preso pueda quitarse la vida. Las ventanas no tienen rejas ni nada en lo que se pueda colgar. Las sábanas son de un material flexible que se rompe al soportar mucho peso.
Jeffrey Epstein había intentado suicidarse por primera vez apenas unos días antes del su intento definitivo. Desde ese momento, el reo contó con «supervisión psiquiátrica diaria y vigilancia 24 horas. Pero solo seis días más tarde, se la quitan el día que ocurre el crimen».
Había tres cámaras que protegían la seguridad de los presos y, curiosamente, según indica el coronel, «ese día fallaron las tres». Otra de las medidas era la supervisión por parte de los guardas del multimillonario cada 30 minutos; sin embargo, en ese momento, se durmieron porque «estaban muy fatigados». Además, el fiscal que denuncia el caso fue automáticamente cesado.
Por no hablar de que, tal y como confirma Baños, Jeffrey Epstein se partió el hueso hioides, que se encuentra justo debajo de la mandíbula. Este se rompe solo en el 1% de los casos cuando una persona se ahorca: «Solo cuando una persona se lanza desde tal altura que su propio peso lo llega a romper. Es decir, no desde la de una celda». Pero «sí que se rompe cuando a una persona es estrangulada y se le gira la cabeza bruscamente».
