Acuerdo nacional universitario ante la catástrofe
La ONU ha alertado sobre una catástrofe educativa a nivel global. La mayor parálisis escolar de la historia, cuyos efectos en los aprendizajes y la desigualdad serían irreversibles. Una generación perdida. Para muchos millones de estudiantes de educación básica -los más pobres- no solo se trata de posponer aprendizajes en matemáticas, historia o biología, sino perder la confianza, las interacciones sociales y la convivencia en una etapa fundamental de su vida.
El aula y la escuela fungían como igualadores sociales, matizando la inequidad y creando redes académicas y emocionales, forjando la ciudadanía. Para miles de niñas, niños y jóvenes volver a casa supone el regreso a la pobreza e, incluso, la violencia.
Como lo ha señalado el investigador Adrián Acosta, es una nueva ola de “privatización educativa”, al convertir a la casa en escuela y a los padres en maestros.
Muchos estudiantes ya no regresarán a la escuela, su única opción de movilidad social. La SEP estima el abandono escolaren 10% para la educación básica (2.5 millones de estudiantes) y de 8% para educación superior (305 mil jóvenes). A estas cifras debemos ponerles la misma atención que a los reportes sobre pobreza y desempleo.
Ante esta crisis, el acuerdo de emergencia que el gobierno federal llevó a cabo con las televisoras me parece necesario, pero debemos entenderlo no como una innovación sino como una confesión del rezago histórico de nuestro sistema educativo.
En décadas, no fuimos capaces de generar las condiciones básicas, ni tecnológicas ni pedagógicas, para una transición digital como esta. Solo el 44% de los hogares tienen computadoras en casa (OCDE).
La alianza SEP-TV puede apoyar mucho, pero no debe ser la única. Es indispensable impulsar un gran acuerdo también con las universidades; tenemos mucho que aportar. Por ejemplo: generación de contenidos digitales con nuestros mejores docentes; asesoría académica y emocional a estudiantes y maestros; y formación docente en aprendizaje digital efectivo.
No obstante nuestros propios desafíos, voltear a ver a las universidades como aliados contribuiría de mejor manera a enfrentar esta emergencia educativa.
