Ter Stegen sabe volar
El Barça no hallaba el modo, no se encontraba con Busquets y Alba en el corazón del geriátrico volviéndolo todo más lento, y muy lento. Pero a la vez daba la sensación de que podía mejorar, y empezó de hecho a trasladar la presión con ataques posicionales, aunque es cierto que poco inspirados. Estaban los vascos más cerca del gol que los catalanes, pero el Barça no parecía el equipo dramático de otros partidos de esta temporada. Busquets en el 18 perdió otro balón comprometido -uno más- pero un magnífico Ter Stegen evitó el gol de Isak con un paradón levantando los brazos. Mantener a Busquets en el equipo titular son ganas de perder partidos porque sí, del modo más ridículo. El Barça no puede ser un club de jubilados. No puede ser una residencia para aparcar a los abuelos que no tenemos tiempo de cuidar en casa. El propio Busquets, viendo el vídeo de sus partidos, tendría que tener el suficiente orgullo y dignidad para entender que no puede empañar su extraordinaria trayectoria con actuaciones tan humillantes. Hay que saber luchar, sufrir, aguantar. Pero llega un día, y admito que no ha de ser fácil, en que hay que saber marcharse. Griezmann perdió otro balón comprometido, en una actuación lamentable. Lo que pasa es que el francés no tiene la excusa de la edad ni la compensación de una carrera deportiva tan brillante. Por lo tanto, tampoco puede esperar la misma contemporización que Sergio, ni siquiera la misma paciencia. Sólo Dembélé insistía en su profundidad, sólo con él el Barça conseguía pisar área, aunque fuera en condiciones poco claras. Poco a poco los azulgranas se encontraban un poco más, aunque sin suponer ninguna amenaza seria para la Real, hasta que De Jong adelantó a su equipo rematando con acierto y de cabeza un mediocre centro de Griezmann. Difícil remate del holandés, que tuvo que corregir con un poco usual movimiento de cuello el centro defectuoso de su deficitario compañero.
Munuera Montero le pitó un penalti claro a De Jong por mano, o mejor dicho, brazo. Indiscutible. Oyarzábal se encargó de transformarlo. Ha chutado 17 penaltis a lo largo de su carrera y los ha marcado todos, con su técnica tan personal, con el saltito y sin mirar el balón. El Barça se puso nervioso, la Real recuperó sus buenas sensaciones del comienzo del partido. Lenglet, todo lo contrario de Mingueza, falla lo que nadie comprende que pueda fallarse: es muy triste perder un duelo aéreo con Portu, que mide metro y medio.
Todo lo contrario, Araujo impone en defensa, los rivales empiezan a conocerlo, y tienen miedo de encararle. Bien. La Real continuaba a su ritmo, y el Barça precía reñido con la Gracia. En el minuto 75, aún ninguno de los dos entrenadores había realizado ningún cambio. Se estrenó Koeman en el 77, con Trincao, que entró por Braithwaite. Dembélé parecía agotado.
Ya en la prórroga, Riqui Puig entró por Pedri y Pjanic por Busquets. Zaldua pudo marcar de un trallazo pero voló Ter Stegen y puso una mano soberbia. Alba y Dembélé estaban tan fundidos que no podían ni pronunciar su nombre. Pobre fútbol en el tiempo de añadidura, igualado en la mediocridad y el cansancio. Lo mejor fue la falta que Januzaj chutó. En los penaltis, Ter Stegen volvió a acreditarse como uno de los mejores porteros de la historia del Barça, parando dos penaltis, uno a incluso a Oyarzábal. Griezmann demostró que hasta regalado nos saldría caro. Riqui Puig hizo por fin algo meritorio en el Barça y puso a su equipo en la final.
