La Bundesliga alemana fue durante décadas ejemplo de modelo de negocio sostenible. Con el 90% de sus jugadores estrella procedentes de las propias canteras de los equipos y más de la mitad de estos jugadores formados en los centros de alto rendimiento del sistema educativo alemán, basaba su rentabilidad en las entradas baratas, los estadios llenos y los fichajes comedidos: la democratización del fútbol.
Y aunque no contaba con ningún Messi o Ronaldo, la competición germana sacaba pecho con nombres como Thomas Müller, Mario Götze o Manuel Neuer, capaces también de despertar sus particulares pasiones. Los aficionados alemanes presumían sin pudor de un «fútbol verdadero», que contraponían al fútbol a base de chequera de los fichajes millonarios.
En estas estaba la Bundesliga...
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