La Real acostumbra a levantarse después de estos varapalos e
Imanol no va a permitir nunca a sus jugadores derrumbarse y menos ante un partido como el del jueves, pero es muy preocupante lo que sucedió en Bilbao. Quien más quien menos podía predecir que un Athletic al alza y mucho más descansado que planteó una encerrona sin seguidores txuri urdin podía obtener la victoria, pero nunca que los txuri urdin se dejaran llevar en el césped de San Mamés, que dejaran de competir después de aguantar hasta el minuto 68. Hay mil millas de distancia entre perder 1-0 y 4-0 -aunque te lleves el mismo rosco a Donostia- y si la Real salió vapuleada de Bilbao fue porque, fatigada y cautiva, dejó de competir, de ir de verdad a por los balones, de creer en remontar.
Imanol no acepta que se afirme que sus jugadores bajan la guardia, pero lo hacen cuando ven que el partido les pasa por encima. Sucedió ante el Barça y ante el Betis y el año pasado frente al United. La estrategia de volver a jugar al despiste con
Isak -el miércoles pasado hizo la rueda de prensa y luego se cayó de la convocatoria europea y el sábado fue incluido en la lista, de la que salió el domingo- resulta patética tras haber encajado esta bofetada. El sueco se quedó en Donostia, pero acompañado, porque sus colegas que supuestamente viajaron a Bilbao tampoco comparecieron en el verde. Es una derrota que escuece muchísimo, aunque nunca al nivel de la del 3 de abril que todavía sangra en Bilbao. Hay que esperar que no genere la misma frustración en el equipo y los jugadores de la Real. Toca levantarse, espabilar y pedir perdón a la afición que no estuvo. Menos mal.
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