Rubén Cantú: Estamos en los años 20s
En muchas ocasiones hemos escuchado frases relacionadas a que la historia se repite, y quien no la conoce, tenderá a cometer los mismos errores; en los mercados financieros pareciera ser que hemos caído en una situación en donde bien podría encajar este pensamiento.
Remontémonos atrás un siglo, el escenario mundial encaraba la resaca de la primera guerra mundial, con las potencias europeas debilitadas, perdiendo su lugar de hegemonía global en beneficio de los Estados Unidos, quienes se convirtieron en los líderes mundiales en lo económico y lo militar. El ambiente en vecino de Norteamérica era de fiesta en muchos sentidos, con una economía a tope de producción y un crecimiento considerable de la calidad de vida de sus habitantes gracias, a la tecnología en los bienes de consumo cada vez más accesibles. El norteamericano vivía bien, y deseaba incrementar sus riquezas a través de la inversión en los “nuevos” activos que surgían, algunos prometiendo rendimientos altos, relativamente seguros, en poco tiempo. En la década de 1920 se configuró un ambiente peligroso para la economía, al surgir el crédito de consumo de una manera sin precedentes, la democratización de las inversiones; y la poca experiencia de la mayoría de los participantes en ambos aspectos básicos de las finanzas.
Describir el entorno de lo que se vivía en la década de 1920 es complejo en pocas líneas, pero quizás una cronología simple podría ser: 1. Qué el americano promedio, mediante los bonos libertad de la primera guerra mundial, se dio cuenta que puede generar rendimientos; lo que hizo que surgiera apetito por nuevos activos. 2. Derivado del punto anterior, el acceso a inversionistas “no sofisticados” a instrumentos de mayor riesgo sin dimensionarlo. 3. Posteriormente, la alta demanda de estos instrumentos hacen que crezcan en cotización, dando una impresión de subida sostenida, sin “posibilidad” de pérdidas; dicho de otra forma, hacerse rico con estas inversiones era algo que se consideraba con total seguridad. 4. En conjunto con un entorno de tasas de interés bajas, con crédito accesible para todos, se buscó maximizar los rendimientos mediante el endeudamiento a través de apalancamientos de hasta 10:1; esto era como darles esteroides a los rendimientos (y con ello de paso, al riesgo). 5. Gracias a la poca regulación permitida por el gobierno, existía manipulación del mercado realizada por los inversionistas más experimentados y con posiciones de capital de mayor peso. ¿En dónde he visto todo esto recientemente?...
Cuando ya estaban “dentro” quienes querían entrar, con deuda para comprar acciones de los mercados, con apalancamientos que multiplicaban sus riesgos varias veces (sin saberlo), fue cuando los inversionistas profesionales se comenzaban a dar cuenta que la situación estaba llegado a un máximo. Algunos profesionales comenzaron a deshacer posiciones, provocando una mayor volatilidad días antes del miércoles 23 de octubre, cuando se presentó una venta masiva de acciones del sector automotriz. Lo anterior fue solo el preludio de lo que pasó al día siguiente en el fatídico “jueves negro”, en donde se presentaron caídas de precio de más del 60% de la valuación del día anterior. El pánico se apoderó de los no experimentados, y a pesar de los esfuerzos de los grandes capitalistas, el colapso era inevitable: el crédito no se podía pagar, pues su aval, el mercado de valores, ya no tenía la misma valuación. Los bancos quebraron, desencadenando la gran depresión de la que todos hemos escuchado múltiples ocasiones. Dicho sea de paso, este evento “apocalíptico” de la economía fue uno de los detonantes de la segunda guerra mundial.
Hoy en día tenemos una situación que tiene similitudes con aquellos años: bajas tasas de interés, acceso al crédito fácil, nuevos activos financieros que “prometen” rendimientos considerablemente más atractivos inclusive que el mercado de acciones, la posibilidad de multiplicar dichos rendimientos a través de apalancamientos (como los que se obtienen al invertir en CFDs), la poca regulación en los mercados donde se cotizan estos activos, y sobre todo, por el desconocimiento de los riesgos de estos instrumentos, y la sensación de los nuevos “inversionistas” de que sus rendimientos no dejarán de subir.
La mayoría de los inversionistas actuales no han sentido en carne propia un “crack” de los mercados, esto puede hacer que se repita la historia.
El Mtro. Rubén Cantú es profesor de Finanzas de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Su correo electrónico es: ruben_cantud@tec.mx
