La final de mañana en
Wimbledon es lo mejor que se puede ver en tenis hoy. Es un duelo generacional y algo más. Hay un punto de confirmación y de relevo.
Djokovic, 35 años, 23
Grand Slams, uno más que
Rafa Nadal y tres más que
Roger Federer, juega para ser el mejor de la historia.
Carlos Alcaraz, número uno, 20 años, un
Grand Slam, juega para relevar a la mejor trilogía que ha dado la historia del deporte. El serbio ha conquistado 94 títulos y ha ganado alrededor de 170 millones de euros en una carrera plagada de éxitos, muy competitiva. El español se impuso en el abierto de
EE.UU., su único gran torneo, pero se ha encaramado a la primera posición del ránking
ATP y maravilla en todas las pistas a cada partido. Tiene la sombra alargada de un
Rafa Nadal, el mejor deportista español de la historia, que se recupera de sus lesiones y que aún sigue muy lejos en la escalera de los grandes triunfos, no así en las sensaciones que despierta Alcaraz en un mundo, el del deporte, cada vez más esclavizado por el momento y sin apenas memoria histórica.
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