Carlos Rodríguez ha nacido. En la etapa reina del Tour, contra dos seres inmortales y contra sus imberbes 22 años, su pecado de juventud fue no cebarse en el Joux Plane, cuando Pogaçar y Vingegaard sacaron el látigo, y echarle más piernas y agallas que nadie en el peligroso descenso hacia Morcine para, primero volver a unirse a los dos extraterrestres y, después, soltarles sin opción a descanso para llegar en moto hacia la meta y firmar una de las grandes victorias del ciclismo español en la ronda francesa. Qué bárbaro el sexitano. Un escándalo de ciclista con toda una brillante carrera por delante. La fiesta fue completa para el español, que logró recuperarle los casi dos minutos de ventaja que le sacaba Hindley y colocarse por delante del australiano. Rodríguez duerme esta noche como tercero de la general, con un segundo sobre el ciclista del Bora-Hansgrohe: «He tomado algunos riesgos y estuve a punto de caerme en dos curvas», confesó el de Almuñecar, feliz tras firmar una gesta para la historia de nuestro ciclismo, en uno de los templos del Tour como es Morzine. CRÓNICA EN DESARROLLO