Cada partícula tiene su antipartícula. Desde que
Paul Dirac predijera la existencia de la antimateria en su célebre ecuación, hemos podido observar incontables procesos en los que las antipartículas jugaban un papel fundamental. Poseen la misma masa que las partículas de materia “normal”, pero son
opuestas en casi todos los demás aspectos. Cada propiedad cuántica, como el espín y la carga, se invierte en la antimateria. Por lo que sabemos ninguna ley física impide la existencia de un
mundo de antimateria compuesto por antiprotones y antineutrones que se combinan con positrones (la versión antimateria de un electrón) para formar antiátomos y hasta antimoléculas. Pero si te das una vuelta por el universo, te darás cuenta de que la antimateria no es algo que veamos con frecuencia. Cuando la antimateria y la materia se encuentran,
se aniquilan mutuamente en una explosión de energía.
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