Las oportunidades se han de aprovechar. En la vida y en el fútbol. Más cuando son escasas o en situación delicada. Nadie te regala nada, menos un
Imanol ultra exigente en el día a día con todos, también sobre todo con los jóvenes de un tiempo a esta parte. A muchos de los talentos de Zubieta, de los que se esperan grandes cosas antes incluso de llegar al primer equipo, les está costando dar el salto definitivo en oportunidades, en juego, en peso o en todas ellas juntas. Ejemplos hay varios. Por eso ver irrupciones como las de
Arkaitz Mariezkurrena son tan sanas y necesarias. La oportunidad la ha aprovechado. El delantero de Astigarraga (sí, es ariete aunque es muy versátil) tuvo la oportunidad de ayudar al equipo de su vida en una situación complicada. Y tuvo 20 minutos más que buenos. Ya lo fueron los destellos que dejó en Montjuic pero esto ya es más real.
Mariezkurrena anotó el gol del empate nada más entrar al campo y casi da la victoria con otro disparo que solo habla de su capacidad ofensiva, que es enorme. Su felicidad al celebrar es la de todos los que tuvieron de sueño jugar en la Real, como muchos de los que leerán estas líneas. Pero el ‘40’, que actuó de interior, es muy bueno, no solo un canterano feliz. Viene rompiendo registros de todo tipo en las categorías inferiores y labrando un instinto que nació hace mucho, cuando sólo era un niño, en el campo de fútbol de Martutene, cuando con su amigo
Xanet (en la cantera del Alavés ahora) acudía a ver, y enredar con el balón, los entrenamientos que dirigía el padre de este último,
Tomás, a mediocres como un servidor. Los roles se han invertido, con sentido, y ahora enreda y golea en LaLiga con muchos más ojos pendientes de su camino en la élite, que acaba de empezar, e ilusionados con verle de txuri urdin.
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