El Real Madrid se agarra a LaLiga contra el Alavés (0-1) pese a Mbappé
El Real Madrid se agarró a LaLiga en Vitoria y aprendió que puede ser un equipo que se sacrifique con éxito en defensa. Fue gracias a que Mbappé perdió la cabeza, quiso boicotear a su equipo y, cuando todo estaba más o menos controlado, con el marcador a favor y un partido sin mucha guerra, cometió una falta muy grave: una patada dura, sin sentido y llena de una rabia desconocida, que dejó al Real Madrid, aún en la primera parte, con uno menos. Eso cambió los planes: ya no era un partido para coger ánimos de cara al miércoles. Era un encuentro para sobrevivir.
Manu Sánchez igualó en expulsiones
Y lo consiguió el Real Madrid, con Güler de delantero, donde su papel fue tan discreto como en el centro del campo, y con todo el equipo bien replegado, sin despistes, sin permitir que el Alavés pusiera balones largos a Kike García, que es el plan de vida del conjunto vitoriano. Cuando después Manu Sánchez pisó el gemelo de Vinicius y fue expulsado, el partido se igualó y no pasó nada más. Eso fue bueno para el Real Madrid y malo para un Alavés agotado y sin luces.
El caso es que, con uno menos, Ancelotti no pudo probar ni demostrar a los aficionados del Real Madrid si la esperanza que inunda las redes, los WhatsApp y las conversaciones sin parar acerca de la remontada tiene fundamento. El partido en Vitoria del Real Madrid fue del tono de esta temporada: igualdad, un dominio poco claro, pocas ideas arriba y noventa minutos en los que pasan un montón de cosas.
Golazo de Camavinga
Cuando Mbappé estaba en el campo, el Real Madrid no fue netamente mejor, pero sí se puso por delante gracias a una buena jugada colectiva (ojo a este adjetivo, pues no se emplea mucho en el Real Madrid de esta temporada) entre Valverde y Camavinga. El francés remató al palo más lejano, con efecto e imparable. Necesitaba un partido con el que recuperar la autoestima y la confianza, y puede que el de Mendizorroza haya sido el adecuado: fue un encuentro para él, muy físico, de pelea y de aprovechar los detalles. Si Camavinga ya no va a cometer errores, no importa mucho para el miércoles, pues está sancionado. De todos modos, su gol puso el partido de cara y el Madrid, esta vez, supo aguantar el resultado.
Ofensivamente. que era lo que había que observar con once, el equipo de Ancelotti fue algo decepcionante: solo las jugadas individuales (este adjetivo, en cambio, sí que lo hemos empleado mucho durante este curso) de Rodrygo ofrecieron algo diferente. Vinicius estaba en el banquillo, como Bellingham, descansando un poco. Saldrían después, en la segunda mitad, para dar un poco de aire y, en el caso de Vinicius, cambiar el partido con una carrera en profundidad. Manu Sánchez no supo qué hacer, no vio la pelota y pisó con los tacos al brasileño. El árbitro no lo vio. El VAR, sí.
Hasta que el partido se igualó numéricamente, el Alavés dominó el encuentro, porque el Madrid le dio todo el campo, pero no supo muy bien qué hacer con la pelota ni con el hombre de más. Pese a que se juega la vida, el equipo de Coudet solo al final fue valiente, y pasaron los minutos temiendo una contra de un Real Madrid más replegado que nunca.
Y apareció Dani Ceballos
Con dos líneas de cuatro, con todos los hombres concentrados, sin perder el sitio, con Asencio corrigiendo errores gracias a su velocidad, el segundo tiempo fue mucho más tranquilo para Courtois de lo esperado. Carlos Vicente, el más vivo en el primer tiempo, fue perdiendo fuelle, y el Alavés se convirtió en un equipo impotente, dramáticamente impotente.
No pasó nada más, solo que el Madrid, diez contra diez, se estiró un poco y llegó al área rival.
Y sí, bueno, que jugó Dani Ceballos unos minutitos y dejó un caño: nos vale para creer sin límites en la remontada.
