El PSOE ha puesto sobre la mesa una proposición de ley con nuevas intervenciones en el mercado de la vivienda . Un nuevo plan de medidas entre las que destaca un incremento de impuestos para casas vacías , que afectará además a los propietarios con segundas viviendas . Con esta medida, el Ejecutivo pretende penalizar a quienes retienen inmuebles sin ponerlos en circulación en un contexto de creciente dificultad para acceder a una vivienda , especialmente en las grandes ciudades. Pero lejos de generar consenso, la propuesta ha encendido un intenso debate en la esfera pública y entre los expertos económicos. Y una de las voces más contundentes en este sentido ha sido la del reconocido economista Santiago Niño Becerra, quien, a través de su cuenta de X, ha lanzado una crítica directa a la iniciativa del Gobierno. «No, en mi opinión así no se resuelve la falta de oferta de vivienda que ya hay en este momento: 615.000. Es decir, AHORA. En otras palabras: ¡YA!. Se sigue con los parches y mirando al horizonte. Mal» , escribió el economista en la red social. La cifra de 615.000 hace referencia al déficit de viviendas que actualmente padece el país. Según datos del BBVA Research, España necesitará entre 1,4 y 2,1 millones de nuevas viviendas hasta 2030 para poder responder adecuadamente al crecimiento de la población , que se calcula que superará los 52 millones de habitantes en seis años. Eso supone alrededor de 3,5 millones de personas más y la creación de más de 2 millones de hogares. En este contexto, Niño Becerra considera que el problema es de raíz y estructural , y que centrarse en penalizar fiscalmente a ciertos propietarios puede tener efecto político, pero difícilmente resolverá el fondo de la cuestión , la escasez real de vivienda disponible. Para el experto, el planteamiento no hace más que repetir una estrategia de 'parches' , sin planificación estructural. No hay un plan nacional ambicioso para liberar suelo , incentivar la construcción o establecer una cooperación público-privada duradera. Y mientras tanto, los precios del alquiler siguen subiendo, los jóvenes no pueden emanciparse y los grandes propietarios optan, en algunos casos, por vender en lugar de alquilar.