La escultura de Cristina Iglesias, referente artístico internacional, se ha convertido este martes en una improvisada piscina para el turista de la imagen que, sin dudarlo, se ha quitado las chanclas y los calcetines para refrescarse de arriba a abajo, incluso, chapoteando, en el agua de esta balsa que representa el lecho del río Tajo, fundido en bronce. La imagen habla por sí misma. Bañarse en una escultura es vandalismo, un atentado contra el patrimonio de la ciudad mientras el Ayuntamiento intenta alcanzar el consenso con una ordenanza que regulará el turismo y, por tanto, bien podría contemplar sanciones para aquellos visitantes, o ciudadanos, que practiquen la falta de civismo. La fuente escultórica de la plaza del Ayuntamiento forma parte del proyecto 'Tres aguas' de Cristina Iglesias para Toledo, una apuesta por el arte contemporáneo y legado del IV Centenario del fallecimiento del Greco. Inaugurada en el año 2014, la escultura ha sido objeto de críticas al romper con lo tradicional en una ciudad defensora de 'lo de toda la vida', una percepción que se ha ido diluyendo en esta década, convirtiendo esta intervención artística en referente y seña de la plaza del Ayuntamient o.