El eje de la familia es el matrimonio, pues éste representa el acontecimiento fundacional. El origen es previo. Tuvo lugar un noviazgo: esa relación de encuentro genuino, en la que, como diría M. Buber, el otro es reconocido como ser completo: como un tú diferente de mi yo. En aquel entonces disponíamos de tiempo para charlar y hacer muchos planes. Y desde la apertura y la escucha queríamos conocer y reconocer al otro. El resultado fue un proyecto, de alcance espiritual, en el que sentíamos que Dios se manifestaba: nos llamaba al matrimonio. Ésta experiencia, tan profunda como común en tantos cónyuges, puede empezar a ser un recuerdo. Ahora, pasados unos años, disponemos de menos tiempo para ese encuentro genuino. Vamos a toda velocidad sacando tareas adelante, el trabajo, la casa, los planes. Coche de ida, los hijos, el cole, llevar a cumples y competiciones deportivas, vuelta, recados, primos, abuelos, amigos. Y así, ocurre que el tiempo de calidad de los dos cónyuges se ve reducido. En verano el 24/7 con los hijos puede incrementar esta realidad. Acostumbrados como estamos a tenerlos en el colegio de septiembre a junio, de pronto debemos emplear más tiempo para ellos. Y aún menos para uno mismo y para el cónyuge. Se erosiona la paciencia, la comunicación, y a veces ni nos acordamos de que somos del mismo equipo y buscamos lo mismo. No obstante, las vacaciones escolares acaban de empezar y pueden dar mucho de sí. Colocando el foco, podemos revertir estas inercias. Necesitamos reencontrarnos con nosotros mismos y con nuestro cónyuge, y mantenernos conectados. ¿Qué necesito? ¿Qué necesitas? ¿Cómo me cuido? ¿Cómo te cuido? Somos un equipo. Somos el eje familiar. A esto fuimos llamados. Momentos breves pueden marcar la diferencia: baja tú a pasear por la playa, yo me quedo con los niños. Gracias, mañana vas tú a pádel, yo me ocupo. Dos minutos juntos al levantarnos para enfocar el día. Dos minutos antes de dormir para agradecer, ante Dios. Proyecto común . Cuando el matrimonio funciona , la familia entera tiene más posibilidades de funcionar. ¿Hay algo mejor que podamos dar a nuestros hijos?