Guerra en Ucrania: Rusia intensifica bombardeos y ofensiva en el este mientras EE.UU. reduce apoyo militar
Desde mediados del pasado mes de junio hasta la actualidad, la guerra en Ucrania ha entrado en una nueva fase marcada por avances tácticos de Rusia en el frente oriental y una intensificación de los ataques aéreos sobre centros urbanos ucranianos. Todo esto, mientras la atención internacional parece desplazarse hacia otras crisis globales.
En el Donbás, las tropas rusas han logrado progresos incrementales en regiones como Donetsk y Zaporizhzhia. Aunque no se trata de avances decisivos, estos movimientos confirman el desgaste ucraniano y su actual postura de contención del frente, en medio de una notoria escasez de recursos, municiones y sobre todo del desgaste de sus soldados, en un frente que se ha mantenido activo por más de tres años. También ha habido un incremento de la presión rusa cerca de las localidades ucranianas de Kupyansk, Toretsk y Pokrovsk, mostrando una ofensiva sostenida en distintos puntos del frente oriental.
Por el lado ucraniano, los avances han sido puntuales y limitados, destacando algunas operaciones en el norte del Óblast de Sumy y cerca de Chasiv Yar. Además, se mantiene la estrategia de golpear infraestructura militar rusa en regiones fronterizas como Kursk y Bélgorod, aunque sin lograr cambiar la dinámica general del conflicto.
Pero el punto más alarmante de este período ha sido la escalada en los bombardeos rusos sobre zonas civiles. Ciudades como Kyiv, Kharkiv, Dnipro y Sumy han sido blanco de los ataques más intensos con drones y misiles desde el inicio de la invasión en 2022. Sólo en la última semana, Rusia ha lanzado más de mil drones, casi cuarenta misiles y decenas de bombas planeadoras. Estos ataques no sólo buscan causar destrucción física, sino también quebrar la moral de la población civil.
Así lucía el amanecer el pasado viernes 4 de julio en Kiev luego de una noche de intensos bombardeos. Vía X@DefenceU 04/07/2025
Uno de los episodios más graves fue el bombardeo masivo del viernes pasado, cuando Rusia lanzó 530 drones y múltiples misiles en una sola noche. Dos días después, un nuevo ataque dejó al menos cuatro muertos y más de treinta heridos en distintas regiones ucranianas, incluyendo Odesa, Kherson y Dnipropetrovsk. En Kiev, aunque los daños fueron materiales, el temor se mantiene latente.
El ejercito ucraniano, por su parte, ha respondido intensificando el uso de drones de largo alcance contra objetivos estratégicos en territorio ruso. Uno de ellos alcanzó una planta química en la región de Moscú, donde se producen explosivos y componentes militares, durante la mañana de este lunes. Este tipo de acciones forman parte de una ofensiva tecnológica para debilitar la cadena de suministro del ejército ruso.
El tiempo apremia y los recursos escasean
En medio de este clima bélico, el pasado viernes el presidente ucraniano Volodimir Zelenski y su par estadounidense, Donald Trump, sostuvieron una conversación que generó expectativas en Ucrania y sus aliados. Ambos acordaron fortalecer la defensa antiaérea ucraniana y colaborar en la producción conjunta de sistemas defensivos. Sin embargo, estas promesas miran al largo plazo y chocan con la reciente decisión de Washington de suspender temporalmente el envío de misiles y otras armas por preocupaciones sobre sus propias reservas. Esto, luego de que Estados Unidos también haya suministrado parte de su material a Israel durante el conflicto con Irán. Esta es una medida que Kiev ha calificado como riesgosa, especialmente ante la magnitud de los últimos ataques rusos.
Volodomir Zelensky junto a Donald Trump en la cumbre de la OTAN. Vía X@ZelenskyyUa 25/06/2025
La preocupación ucraniana se entiende desde el punto que los sistemas de misiles “Patriot” norteamericanos son fundamentales para asegurar el sistema de defensa anti misiles de Ucrania, de hecho han demostrado ser los más efectivos a la hora de interceptar misiles balísticos. El propio Zelenski ha dicho que millones de vidas ucranianas se han salvado gracias a estos sistemas de origen estadounidense y que son parte del conjunto de armas y misiles que suspendieron sus entregas hasta nuevo aviso.
La falta de apoyo inmediato ha llevado a Zelenski a buscar alianzas alternativas. Alemania inició conversaciones para adquirir y entregar sistemas defensivos adicionales, además el Canciller alemán, Friedrich Mertz, planteó la intención de su país en colaborar en la ampliación de la industria armamentista nacional ucraniana, para que estos logren producir sus propios misiles y sistemas antiaéreos, aunque ese es un proceso que tomará bastante tiempo, y tiempo es lo que menos tienen los ucranianos.
La guerra impacta en la interna rusa
En el plano diplomático, puesto que el presidente Trump manifestó su descontento con el Kremlin, tras una llamada que describió como “decepcionante” con Vladimir Putin. El mandatario norteamericano advirtió sobre nuevas sanciones económicas contra Moscú, advirtiendo que “Putin quiere ir hasta el final, simplemente seguir matando gente”, según comento.
Las consecuencias de posibles nuevas sanciones podrían agravar aún más la ya debilitada economía rusa, la que según admiten altos funcionarios, se encuentra al borde de la recesión: caída del consumo, aumento de quiebras, inflación creciente y crisis bancaria son algunos de los síntomas reconocidos incluso por el ministro de Economía ruso.
Roman Starovoit, exministro de transportes de Rusia, destituido está mañana fue hallado muerto horas después.
En paralelo a estos hechos, se registró un suceso inesperado dentro de la estructura política rusa. El presidente Putin destituyó al ministro de Transporte, Román Starovoit, tras la crisis aérea provocada por los ataques ucranianos con drones. Solo horas después, Starovoit fue encontrado muerto con una herida de bala en su vehículo, en lo que las autoridades rusas manejan como un aparente suicidio.
A lo anterior, se suma la muerte repentina de otro alto funcionario del mismo ministerio, Andréi Korneichuk, tras enterarse de la destitución de su colega, quien se desplomo súbitamente en su puesto de trabajo y falleció a los minutos. Las circunstancias han provocado interrogantes sobre la estabilidad interna del Kremlin y el impacto de la guerra más allá del campo de batalla en la propia cúpula administrativa del estado ruso.
Mientras tanto, el gobierno ruso, a través de su canciller Sergei Lavrov, reiteró estar dispuesto a negociar una solución política al conflicto, aunque dejando claro que cualquier diálogo debe basarse en una “paz duradera” y no en un simple cese al fuego. Desde Moscú insisten en que su principal exigencia es eliminar las “amenazas a su seguridad” vinculadas con la expansión de la OTAN.
Así, la guerra en Ucrania se mantiene como una prolongada guerra de desgaste, con líneas de frente relativamente estancadas, pero con un altísimo costo humano y material. Una guerra que, pese a perder protagonismo mediático, sigue marcando profundamente la geopolítica global y dejando un rastro de dolor en cada ataque.
