El concierto del pasado jueves significó la presentación del nuevo director musical de Les Arts, recayendo la feliz elección en la insigne figura del veterano Sir Mark Elder , curtido en mil batallas, de amplio repertorio y, hasta la fecha, por las veces que se ha puesto al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana de resultados muy esperanzadores. La llegada de Sir Mark Elder a Les Arts, logro que hay que colocar en el haber del director artístico de la institución, Jesús Iglesias, si todo va como debiera, va a elevar, más si cabe, la calidad de una formación que ya es desde el año de su creación es la mejor orquesta de España. Si el binomio Elder-OCV funciona, la orquesta valenciana podría convertirse en una de las orquestas del momento a nivel internacional, lo que de alguna forma ya lo es, pero aspirando a una mayor presencia en el panorama concertístico europeo . De las no pocas Quintas de Shostakóvich que he tenido la oportunidad de disfrutar en directo esta es sin duda alguna la que encabezaría la lista, y pienso que lecturas de semejante nivel deberían escucharse más allá del antiguo lecho del Turia, donde, sin lugar a dudas, un concierto como el ofrecido el pasado jueves cosecharía un indiscutible éxito de público y crítica por dos razones: por el extraordinario nivel mostrado por la formación valenciana y por la reveladora visión que tiene Elder de esta partitura. Con Elder, la OCV debería dar el definitivo paso para convertirse en una formación con vocación internacional . Cierto, es objetivo complicado para una orquesta no demasiado amplia y que tiene que lidiar con toda una temporada de ópera y una ambiciosa nómina de conciertos sinfónicos como muy pocas orquestas en el mundo afrontan. Ciñéndonos al programa, la Quinta del compositor ruso que entiende Elder posee una enorme coherencia a lo largo y ancho de la poco menos de una hora de duración. La tiene grabada con su anterior orquesta, la histórica Hallé de Manchester (por cierto todavía la Wikipedia no está actualizada), pero poco tiene que ver con aquella versión más ligera y convencional. Para el flamante director musical de Les Arts esta obra no es ninguna fiesta, la visión es más sombría que la grabación de hace seis años y apuesto que hoy estaría muy de acuerdo con Rostropovitch y sus palabras sobre esta y el supuesto «glorioso» final de la obra que lo describe como «una tragedia. Irreparable. Estirada sobre el potro de la Inquisición, la víctima intenta todavía sonreír en su dolor. Quien crea que el final de la sinfonía es alegre es realmente un idiota». Coherentes con esta visión son los formidables golpes de timbal de un magnífico Gratiniano Murcia con los que triunfalmente se cierra la obra, que en sus ocho últimos golpes los ejecuta estremecedora. Elder emplea un gesto austero, aunque de gran firmeza y claridad. Parece evidente que fía la interpretación a intensos ensayos comunicativamente reveladores a tenor del deslumbrante resultado. Por lo que hemos comprobado hasta el momento, Elder tiene una idea particular de la música que pasa por ir a la esencia de las obras , y lo que es más importante, sabe transmitir esa idea a la perfección a unos músicos «convertidos» a la causa. No es una cuestión de que la orquesta mostrase un nivel superior a otras ocasiones, pero sí pudo comprobarse una forma de entender el repertorio, que con el británico en el podio va a ser un antes y un después y, de alguna forma, vamos a percibir cierto «giro» en el sonido de la OCV. Siendo una lectura personal, de tiempos amplios, no buscando especialmente la brillantez y sí la disección, no se me ocurre una versión superior a la que tuvimos la suerte de escuchar. Cierto que en el otro extremo pueden escucharse versiones más expansivas, aristadas, briosas, y contrastadas como por ejemplo la reciente ofrecida por Teodor Currentzis en la Iturbi del Palau de la Música, pero que penetran menos en la compleja médula espinal de esta obra. En definitiva, Elder sacrifica esa espectacularidad por la verdad y la esencia, la brillantez por el mensaje, la superficialidad pirotécnica por la profundidad. Logra también esa cualidad al alcance de muy pocos de convencernos de que el timbre, el color es también una parte esencial del mensaje. Cada motivo tiene un sentido propio, aislado, no solamente por cómo está fraseado sino también por su sonido. En esa idea interpretativa particular, se trata de una de las más referenciales lecturas que podrían habitar una estantería de un melómano si esta Quinta se llevara al disco. Lo dicho: una Quinta que se me antoja difícil de superar . El primer movimiento, moderato, fue expuesto con profundidad aunque sin exceso de dramatismo. El ritmo palpitante de la cuerda nos sobrecogió como lo hicieron los trombones tras las notas graves del piano, el allegreto, siguiendo con la aplastante coherencia de la versión, lo conduce Elder sin grandes contrastes dinámicos, sin ese lado grotesco que se le suele dar, porque en la Quinta, para el británico no hay nada que celebrar ni danzar. Muy mahleriano sonó en el pasaje que parece sonar una banda, con un efecto de que esta viniera de fuera de la escena. No podemos dejar de mencionar a un extraordinario Gjorgi Dimchevsky, concertino de la orquesta, luciendo una afinación y una musicalidad dignas del gran violinista que es. El tercer movimiento, largo, literalmente Elder detuvo el tiempo para extraer todo lo que de lírico y meditativo tiene el movimiento. Extraordinaria la flauta de Magdalena Martínez en su solo. El movimiento de cierre no hizo más que confirmar una tarde para la memoria en la que sería imposible mencionar a todos quienes en sus comprometidas intervenciones demostraron indiscutible magisterio. Fue tal la conmoción por lo sucedido que injustamente olvidamos que en la primera parte ya se abrió el tarro de las esencias con una intensa Primera Sinfonía de Beethoven imaginativa en las dinámicas, de sonido robusto, y que significó una inmejorable carta de presentación de Elder como nuevo director musical de Les Arts. Enormes todos. Jueves 3 de julio de 2025 Palau de Les Arts Obras de Beethoven y Shostakóvich Orquesta de la Comunitat Valenciana Sir Mark Elder, director musical