Carmen Carnicer , de 88 años, vive una pesadilla desde que hace unos años alquiló su casa a una familia en la que confió, con su contrato de arrendamiento. 500 euros al mes, un dinero para ella imprescindible porque lo destinaría a «pagar la residencia, que con la pensión no llega» El problema vino apenas unos meses después, cuando Tamara, como se hace llamar la inquilina, deja de abonar las mensualidades y se niega a dejar la residencia. ¿Su argumento? Que se les ha considerado una « familia vulnerable » y «la ley nos ampara, que todos tenemos nuestros derechos», ha llegado a apuntar la inquiokupa . Sonsoles Ónega , que ha contado esta historia en ' Y Ahora Sonsoles ' (Antena 3) no daba crédito a lo que escuchaba y en varias ocasiones durante la conexión en directo ha llegado a levantar la voz y a dirigirse directamente a esta persona, porque no entendía lo que estaba diciendo la aludida. Ella ha querido defenderse y ha explicado su situación: «Nosotros entramos con un contrato. Durante un año pagamos un alquiler, vivíamos con mi marido, mi hija y yo. Él entró en ripió por cosas y yo, con una pensión de 800 euros, no puedo afrontar los pagos. Mi hija también tiene discapacidad y se nos han ido acumulando los gastos». La protagonista de la historia, Carmen, se ha mostrado muy triste al escuchar estas palabras. Ella ha llegado a contar episodios de violencia en su contra , insultos y vejaciones por parte de estos que alquilaron un inmueble que ahora no abonan. Por su parte, Tamara, se seguía defendiendo, afirmando que no se iría hasta «que no llegara la orden de desahucio. Me iré cuando me sea oportuno, no antes». Este ha sido una de las situaciones más tensas de la conversación y Sonsoles Ónega lo ha demostrado: «¡A ver si se entera! Que no es cuando usted quiera, que si uno deja de pagar un servicio, tiene que irse, que dejarlo». La inquiokupa y su hija, que también ha hablado de espaldas a la cámara para contar su versión de los hechos, ha dicho a presentadora y tertulianos que por qué no entendían también la situación por la que ella pasaba, no solo la de Carmen, que «también está la mía». Es aquí que Ónega se ha terminado de revolver y ha terminado diciendo: «¡No le voy a permitir que nos deje a los que estamos aquí, en esta mesa, como inhumanos o incomprensivos, viendo la situación». Ana Obregón, que estaba entre los colaboradores de la tarde, ha terminado diciendo: «¡Que se vaya a la mierda!». Tamara, la inquiokupa , ha terminado colgando el teléfono.