Docente durante más de 30 años , jefe de mantenimiento del antiguo hospital Virgen de la Salud y concejal del PP en la legislatura de 1991-1995 , deja un legado de compromiso, cercanía y trabajo Toledo recuerda estos días a una de esas personas que, sin grandes alardes, supo dejar una huella profunda. Enrique del Viso García , docente, trabajador del antiguo Hospital Virgen de la Salud y exconcejal del Ayuntamiento, fallecía el pasado 2 de julio tras una larga enfermedad . Tenaz, comprometido y cercano, Enrique vivió volcado en su familia, así como en sus alumnos, en su ciudad y en los valores que siempre defendió con serenidad y firmeza. Nacido el 10 de diciembre de 1944 en Villaseca de la Sagra, creció en una familia vinculada a la agricultura , lo que le proporcionó desde muy joven un fuerte arraigo a la tierra y al trabajo constante. Con el paso del tiempo, su vocación lo llevó a Toledo, donde desarrollaría la mayor parte de su vida profesional y personal . Durante más de tres décadas, fue profesor de dibujo técnico en el Instituto Azarquiel, centro educativo en el que dejó una impronta imborrable. Quienes compartieron aula con él destacan su impronta y carisma. Desde 1969 Del Viso ejerció como jefe de mantenimiento del antiguo hospital Virgen de la Salud, un trabajo que compaginó con su vocación pedagógica, Su implicación con la ciudad no se limitó a los entornos educativos o laborales. A comienzos de los años noventa, asumió responsabilidades en el ámbito político local como concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Toledo , durante la legislatura de 1991 a 1995. Desde esa posición, participó en iniciativas que buscaban mejorar la calidad de vida de sus vecinos, siempre con una actitud de escucha activa y con una idea clara de lo que significaba trabajar por el bien común. Casado con Consolación Martín, con quien formó una familia muy querida y respetada en Toledo, tuvo tres hijos: Enrique, Juan Jesús y Marta . La familia fue su mayor orgullo y su refugio constante. Hasta el final, vivió rodeado de ellos. Tras su jubilación, Enrique del Viso no se desligó de la vida social de la ciudad ni de su pueblo natal. Siguió colaborando con diversas entidades y dedicó tiempo a sus pasiones, sin dejar de ser un referente de sensatez, respeto y serenidad para quienes lo conocieron. Hoy Toledo recuerda con afecto a un hombre que supo combinar su compromiso profesional con una entrega constante a los demás . Su legado permanece no solo en las aulas del Azarquiel, sino también en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de coincidir con él en cualquier ámbito de la vida.