En la madrugada del 13 de julio de 1997 , Miguel Ángel Blanco moría después de recibir dos disparos en la cabeza de parte de Javier García Gaztelu, alias 'Txapote', uno de los tres etarras (los otros dos fueron Irantzu Gallastegui Sodupe, 'Amaia', y José Luis Geresta Mujika, 'Oker') que le habían secuestrado el 10 de julio. Veintiocho años después del asesinato , la fundación que lleva el nombre del concejal popular ha recordado que el espeto al 'espíritu de Ermua', ese movimiento social de repulsa a la banda terrorista, exige «no claudicar ante la legitimación del terrorismo, ante su blanqueamiento, ante la impunidad que los terroristas y sus cómplices imponen cada día». La Fundación Miguel Ángel Blanco, en su manifiesto, recuerda que el legado de ETA permanece con EH Bildu, que ha continuado «la ideología de exclusión y odio a España» . Ha recordado que los aberzales incluyeron a terroristas en sus listas electorales, no ha condenado la violencia terrorista y sigue «defendiendo los objetivos políticos por el que se mató y se persiguió a muchos inocentes». Ha recalcado que los aberzales tienen todavía «más poder» porque el Ejecutivo ha pactado con ellos para «mantenerse en el poder» . En el mismo sentido se ha expresado Javier Lambán . El expresidente aragonés, y una de las voces más críticas a la gestión de Pedro Sánchez junto al manchego Emiliano García-Page, ha mostrado en X su indignación por el hecho de que muchos «hayan abandonado» el 'espíritu de Ermua' y produce «ira que los herederos de los terroristas de ETA participen e influyan en el Gobierno». Unos acuerdos que revictimiza a todas las víctimas del terrorismo, según ha denunciado la fundación y que ha reclamado lo mismo que hace 28 años: «unidad y aislamiento de los violentos, Estado de derecho y firmeza democrática» . «Es nuestro deber compartir la memoria de las víctimas y aprender de lo vivido y sufrido, transmitirla a los jóvenes que tienen derecho a conocer esta parte de la historia de su país», ha recordado la fundación, en alusión a la ausencia de la historia de terror de ETA en los currículos escolares. Por ejemplo Cataluña, Valencia y País Vasco son las únicas comunidades que no incluyen el terrorismo etarra en el Bachillerato o que solo 14 de los más de quinientos institutos vascos tienen en sus programas la historia etarra.