Aunque es el presidente del Colegio de Médicos de Toledo, Raúl Calvo Rico es, más que de despacho, un profesional pegado al terreno, especialmente cuando le toca guardia en su zona de salud , un pueblo toledano de La Sagra cuya población se multiplica en verano . Ocho de la mañana del sábado, 12 de julio. El doctor Calvo comienza su guardia de 24 horas en el Centro de Salud de Camarena (Toledo), una localidad de algo más de 4.634 habitantes que en los meses estivales registra un crecimiento poblacional al trasladarse muchas personas desde la Comunidad de Madrid a sus segundas residencias. «Los veranos, cuando hay fiestas en los pueblos, las guardias suelen ser bastante moviditas porque se consume mucho alcohol; además, en mi zona hay alcohol y hay drogas, y todo eso repercute en las guardias: hay peleas, intoxicaciones y un montón de problemas que tenemos que enfrentar desde la atención primaria, aparte de lo normal de la urgencia». A todo esto se suma que este oficio cada vez tiene «menos de urgencia y más de consulta 24 horas» , por lo que el doctor pasa la consulta -algunas veces de padres que preguntan que si pueden darle un paracetamol al niño, que tiene fiebre-; atiende las urgencias y está presto para actuar en todos los 'excesos' derivados del ocio estival, siempre con la ayuda de una enfermera, que va rotando en las guardias. Veinticuatro horas, noche y día, con solo dos profesionales en un escenario donde nunca se sabe qué puede ocurrir , quién puede llegar y qué situación se presenta cuando hay que atender a un paciente. Al menos hay un guardia de seguridad hasta la doce de la noche. Son unas 10.000 personas las susceptibles de convertirse en pacientes del doctor Calvo: esa es la población que atiende este centro de salud, distribuida en los pueblos de Camarena, Ventas de Retamosa, Chozas de Canales, Arcicóllar y Camarenilla Numerosas veces, Calvo debe salir y desplazarse al pueblo de al lado a atender a algún paciente, quedándose vacío el centro de salud al haber solo un equipo sanitario durante la guardia, con lo que es habitual encontrarse con una fila de pacientes esperando cuando regresa de un aviso desde una localidad quizá algo lejana. Pero el doctor no se queja, es lo que hay, verano tras verano; solo describe una situación que, además, se vive cuando el resto de compañeros del centro están librando o disfrutando de sus vacaciones de verano (junto a él hay 6 médicas y una pedriatra, y dos están de baja). Él cuenta que «esta guardia no ha sido excesivamente mala» porque 'solo' ha visto unos 60 pacientes. Para dos ha tenido que activar la UVI porque se han puesto muy enfermos , y desde las doce de la noche a las ocho de la mañana del domingo han llegado siete pacientes, cinco con tarjetas sanitarias de Madrid . Luego están esos otros con gastroenteritis, por ejemplo, que tienen turno de noche y no pueden ir a trabajar, pero precisan de un justificante para la empresa en plena madrugada. Además, « tenemos cuatro residencias de ancianos en nuestra zona », con 100 residentes en una, «personas muy frágiles con muchas necesidades». Un anciano precisó atención a la una de la madrugada porque tenía un golpe en la cabeza debido a una caída. «Para nosotros este trabajo es muy satisfactorio», pero «el administrativo es muy frustrante », sin contar con esa consulta «permanentemente abierta» que «te enfada un poco porque deberíamos tener un poco de autonomía de la salud». Ocho de la mañana. El doctor sale de guardia, como muchos otros en la geografía provincial. Mañana, vuelta al trabajo .