La llaman la guapa de Toledo. Es la Virgen del Carmen de los Padres Carmelitas, una imagen que llegó en 2012 desde el taller del imaginero cordobés Antonio Bernal y desde entonces son numerosos los fieles que acuden cada 16 de julio al Convento del Espíritu Santo para acompañarla en procesión por las calles del Casco Histórico. La de este miércoles no ha sido una excepción, aunque eso sí, las mismas caras que se dejan ver siempre en este tipo de actos toledanos. La comunidad religiosa ha vivido con gozo estos días de novena y celebraciones presididas por el provicario general de la Archidiócesis, Raúl Muelas, y por el provincial de la Orden de Carmelitas Descalzos, Francisco Sánchez Oreja, ambos, ayer, en la procesión, junto a los padres de este convento toledano que ha sabido adaptarse a los tiempos habilitando partes del monasterio como casa de espiritualidad abierta al público y a eventos de índole sociocultural y religiosa. La música y el incienso, así como la luz de las velas de cera en los ciriales que abrían el cortejo han desafiado el calor extremo que a las nueve de la noche aún se sentía en el barrio antiguo . Una serie de elementos que forman parte del cortejo que precede a la Virgen del Carmen, una escultura de gesto dulce y sereno, al igual que el del niño que porta en sus brazos. Si estos años de atrás los Padres Carmelitas estrenaban las andas procesionales, talladas por Mariano Guerrero Corrales , esta vez han apostado por engrandecer el ajuar de la imagen con un nuevo hábito y escapulario en terciopelo marrón con bordados en oro del siglo XIX recuperados de una prenda anterior localizada fuera de Toledo y pasados a este nuevo tejido por las Madres Carmelitas de Consuegra. Para completar el conjunto, un manto con bordados de seda multicolor. Una procesión que es ya una cita ineludible en el calendario cofrade de la ciudad.