Una nueva procesión carmelita recorrió este jueves 17 de julio las calles de Sevilla, partiendo desde la iglesia conventual del Santo Ángel, uno de los enclaves más emblemáticos de la devoción carmelita en la ciudad. Lo hizo en el día donde 16 santas carmelitas descalzas de Compiegne fueron guillotinadas por la revolución francesa mientras cantaban la salve. Es el Carmen de la excelencia, pues todo lo que rodea a este convento conforma uno de los patrimonios más ricos de Sevilla. Un claro ejemplo de ello es la puesta en escena de la imagen, sus joyas, el ajuar, la calidad artística y los elementos que componen el paso dan muestra de un nivel extraordinario. Una vez más, la jornada estuvo marcada por las altas temperaturas, aunque ello no fue impedimento para el lucimiento de la procesión, que transitó por algunas de las calles más frescas en esta época del año, como Rioja o Sierpes. A las ocho en punto de la tarde la cruz alzada cruzaba el dintel el Santo Ángel mientras el paso de la Virgen del Carmen era levantado en el interior del templo. La Virgen del Carmen salió en solitario , algo que no ocurría desde hace varios años. La imagen de Santa Teresa de Jesús no formó parte en esta ocasión , ya que lo hizo durante la pasada festividad del Corpus Christi y, si así se confirma, lo seguirá haciendo cada año en la fiesta más antigua. Anteriormente, también formaba parte del cortejo el Niño Jesús de Praga, aunque actualmente realiza su salida el último sábado de enero. Sonaba la Oliva de Salteras que interpretaba el himno nacional, seguida de la marcha de la coronación de la Virgen de la Estrella ante el deleite de los carmelitas descalzos, hasta ocho participaron en la procesión, que disfrutaron de lo lindo con la Virgen del Carmen. La Oliva de Salteras no cesó de interpretar marchas, encadenando una tras otra en cada chicotá, y manteniendo un altísimo nivel a pesar del calor y de la exigencia de la época estival. La Virgen se adentró en la calle Rioja mientras el sol iluminaba la trasera del paso, justo cuando sonaban los compases de 'Pasa la Virgen de la Candelaria'. El juego de luces, unido a una densa nube de incienso , regaló a los presentes un instante de asombro: un momento colosal. Quienes acompañaban la procesión aprovechaban la sombra de la calle Sierpes para refugiarse en los accesos de los comercios y disfrutar del aire acondicionado mientras contemplaban el paso de la Virgen del Carmen. Los costaleros realizaban un gran esfuerzo bajo el intenso calor, al igual que el incansable Angelito, el aguador, que nada más comenzar la procesión ya tuvo que reponer el agua debido a las asfixiantes temperaturas de la tarde. Se adentraba en Jovellanos, una calle de moda en los últimos años para ver procesiones, hasta desembocar en la Plaza Nueva cuando caía la tarde, con la Giralda como telón de fondo, estampa maravillosa e ir en buscar del barrio del Arenal, la zona de Molviedro, ir a San Buenaventura y buscar el regreso al Santo Ángel a medianoche, instante de la entrada de la Virgen del Carmen que se postró ante la coronada, la primera imagen y única del Carmen coronada , poniendo punto y final a sus cultos del mes de julio.