Cosas veredes, pero este cabildo macareno pasa ante mis viejos ojos de mármol como un episodio histórico de la ciudad. Si alguien en algún momento lo olvidó, ya sabe lo que mueve La Macarena: «¿Quién restaura a La Macarena? La Virgen, tarde o temprano, regresará una mañana. Volverá pletórica, como es la esperanza, en su eterna belleza inalterable, restaurado el error humano en lo divino. Pero, ¿quién restaura a la hermandad tras esta herida en la memoria que no hay barniz que le dé brillo inmediato?. ¿Quién restaura la mancha de los enfrentamientos? Sobran los protagonismos, el enrocamiento y el oportunismo. Cabildos habrá, pero como éste ninguno. Ahora debe quedar claro que sin unidad no habrá hermandad en su plenitud, la unidad que concita en Sevilla y su barrio una advocación universal como la Macarena. Se necesita tiempo y un pegamento especial que no es otro que el que da sentido a la palabra hermandad».