Patricia Rivadeneira y el feminismo en tiempos de ultraderecha: “Es muy fácil perder cada uno de los pasos que hemos avanzado”
Para Patricia Rivadeneira -destacada actriz y pieza fundamental de la vanguardia feminista de los años 80 con el colectivo “Cleopatras”– se trata de un ensayo que marcó un antes y un después. “Los textos de ‘Teoría de King Kong‘ fueron grabando algo en mí y abriéndome muchas preguntas y espacios de reflexión”, comentó, a dos años de la primera función de “Una mujer llena de vicios“.
Obra que la une a su colega Antonia Zegers en un diálogo que explora desde el cuerpo varias de las reflexiones de la cineasta y novelista Virginie Despentes, y que ahondan, con una pluma honesta y audaz, los múltiples tipos de violencia sexual en contra de las mujeres. “Son demasiadas creencias que caen, que modifican su ángulo de mirada”, afirmó Rivadeneira sobre el efecto producido por esta lectura, dirigida en las tablas por Alexandra von Hummel.
“Por ejemplo, esa reflexión tan grande que ella hace sobre el asunto de la pornografía, que es una industria que mueve más dinero que el tráfico de armas y que, sin embargo, cuando uno pregunta quién consume pornografía en una sala, que lo he hecho después de algunas funciones, son muy pocas las manos que se levantan”, dijo. “Y sin poner un adjetivo, si es malo o es bueno”.
“Una mujer llena de vicios”, obra inspirada en “Teoría de King Kong”
De hecho, la actriz explicó que se trata de “una realidad social. ¿Y por qué? ¿Por qué esa realidad social viene obviada, escondida? ¿En qué momento esta sociedad empezó a necesitar esa válvula de escape para vivir su sexualidad de un modo compulsivo, digámoslo así? Desde ahí se abren otras miles de preguntas respecto de cómo vivimos el amor y el sexo. ¿Por qué los hombres violan mujeres? Desde la noche de los tiempos eso es una práctica y, como dice Virginie Despentes, no corresponde a una pulsión erótica o biológica, sino que es un constructo cultural para someter a la mitad de la población humana”.
“¿Cuál es el mandato al hombre? ¿Cuándo los hombres van a empezar su propia revolución masculina? ¿Quién se beneficia de esta trizadura, de este quiebre y de los mandatos patriarcales? ¿Cómo se supera un trauma tan grande como la violación y cómo las mismas mujeres condenan a la mujer violada como una mujer mancillada? Son realmente preguntas muy grandes”, se cuestiona Rivadeneira.
En su caso, la forma de transitarlas ha sido “profundizándolas, y cada vez que me subo al escenario, con Antonia o con Alexandra, siento que estamos en una especie de tango donde estamos siendo médium de todas las mujeres y de toda la sociedad para hacernos estas preguntas incómodas. Eso ha sido muy beneficioso para mí y espero que para los otros”.
“También hay veces en que digo ‘no, yo no estoy de acuerdo con ella en esto’, porque encarnamos dos voces de la misma persona y que se contradicen, pelean y a veces se encuentran; y otras veces sí estoy muy de acuerdo. Igualmente, es muy fascinante ver lo que le pasa al público y cómo salen del teatro con mucha energía y con ganas de conversar. No es una obra deprimente. A pesar de todo lo fuerte que es, no es triste. Es muy interesante lo que logró ahí la directora“, valoró Rivadeneira sobre la obra, que estará presente en la cartelera de Matucana 100 del 8 al 24 de agosto y disponible para comprar con la modalidad del Pase Cultural.
– ¿Dirías que es una obra que tiene algo de ritual?
El teatro siempre es así. Pero efectivamente, cuando hay un texto que es tan evidentemente representativo de nuestra sociedad contemporánea, se hace más patente en cómo el público se va sintiendo interpretado y van navegando junto con las actrices.
“Una mujer llena de vicios”, obra inspirada en “Teoría de King Kong”
– En esa misma línea, y considerando que se trata de un montaje basado en un ensayo, ¿Qué entrega el teatro como formato para enriquecer estas reflexiones?
La verdad es que el texto, aunque es un ensayo, es muy teatral porque está escrito en primera persona y pasa por el cuerpo. Lo interesante aquí es cómo nosotros desdoblamos esas conversaciones internas de la autora, o esas conversaciones que ella tiene o comenta respecto de prácticas sociales, y las ponemos en dos voces, en dos cuerpos. Y eso hace que el texto viva. Porque el teatro es cuerpo, es vivo. Creo que ese es el aporte que le hace al texto escrito y viceversa. Ahora, hacerlo, con un ensayo, es diferente que con la literatura, que es más común.
Vemos muchas películas y obras que están hechas a partir de textos literarios, ficciones. Aquí no. Aquí estamos hablando de un ensayo pero, sin embargo, es uno que está escrito en primera persona. Cómo entregar lo conceptual sin que se convierta en un discurso moralizante también fue parte del desafío que quisimos enfrentar, y lo hacemos sin salirnos de lo que la autora propone. Porque ella tiene algo que es muy fresco, y es que se pregunta, se contradice y se responde durante el ejercicio de la escritura y de esta reflexión que hace, que es una que a ella le tomó 30 años. Tiene la riqueza de la frescura del que no conoce la verdad, sino que la está buscando.
– Además, es un texto que surge en un contexto donde no había literatura sobre el tema de la violación
No había literatura ni había, como sabemos, demasiadas denuncias. Tampoco castigo ni conciencia. Es como si los violadores se arreglaran con su conciencia. Basta pensar en que la descripción que hace Neruda de la violación a la que sometió una persona en su libro ‘Confieso que he vivido’ pasó soplada sin que nadie dijera nada durante 50 años.
Es cultural. Pero yo pienso que ese ensayo, que aparece en el 2006, marca un antes y un después respecto a este tema de la violación, y ahora sí tenemos literatura, tenemos película, tenemos justicia. No siempre, pero existe. Y la vergüenza cambió de lado, como dice Gisele Pelicot. Lo que pasó con ese juicio es también algo que quizás no habría ocurrido sin este libro. Esta denuncia que ella hace, a cara abierta, de la violación a la que fue sometida durante 10 años.
– En tiempos donde se advierte un ascenso del conservadurismo y una anulación al movimiento feminista, ¿Qué contingencia adquiere esta obra?
El poder se defiende con uña y diente de su privilegio y, lamentablemente, los hombres se van a defender porque nadie quiere dejar su lugar de privilegio y de poder. La pregunta, y que es para los hombres, es la siguiente: ese lugar al que pertenecen por cuna, ¿Les va a seguir rentando para tener una vida más feliz? ¿Están dispuestos a que sus hijas sigan siendo abusadas por un sistema?
Yo creo que este asunto tiene que resolverse entre hombres y mujeres, y eso es a lo que invita la autora. Es muy bonito el discurso que hace respecto de la revolución masculina. Cada derecho adquirido por las mujeres se ha conquistado luchando. Porque nada ha sido dado sin lucha, lamentablemente. O sea, no han sido porque alguien dijo ‘oye, parece que en realidad aquí hay algo que está mal estructurado, habrá que darle derechos también a las mujeres’.
No. Esto ha sido una lucha de siglos, con dientes y uñas. Pero es muy fácil perder cada uno de los pasos que hemos avanzado si no estamos realmente conscientes de que los merecemos, de que es lo mejor para la sociedad, de que es justo y no un capricho o un movimiento ideológico. Esto no es ideología. Esto es estar alineados con lo que somos como especie. O sea, si observamos a los mamíferos, no hay esta desigualdad, ni este abuso o terror de machos a hembras.
