Con una precisión digna de una película, dos miembros georgianos de un grupo itinerante recorrían las calles robando en pisos sin dejar rastro. Ni forzaban cerraduras, ni hacían ruido: usaban llaves maestras decodificadoras, herramientas tan sofisticadas que les permitían entrar y salir como si fueran los dueños. La Policía Nacional los ha detenido en Madrid, poniendo fin a su silenciosa pero eficaz ola de robos. La operación policial comenzó tras una serie de denuncias por robos con fuerza en viviendas durante los meses de junio y julio. Los agentes detectaron un patrón: los domicilios no presentaban signos de entrada violenta, pero los inquilinos denunciaban la desaparición de joyas, relojes de lujo y objetos de gran valor sentimental y económico. Detrás de estos hechos estaba un grupo criminal altamente especializado, formado por ciudadanos de origen georgiano. Este tipo de bandas actúan en parejas, con una organización precisa y movimientos planificados. Llegan a España por cortos periodos —de dos a tres meses— y, tras cometer decenas de robos , abandonan el país para evitar ser detectados. Durante su estancia, alquilan vehículos y analizan barrios enteros en busca de edificios vulnerables: sin cámaras de seguridad, con poco tránsito de personas y fáciles de vigilar. Una vez seleccionadas las viviendas, marcan las puertas de forma casi imperceptible durante la madrugada y regresan días después para ejecutar el robo. Para entrar a la vivienda, usaban unas llaves que permiten manipular los mecanismos internos de las cerraduras sin necesidad de llaves adicionales, lo que les permitía acceder a las viviendas de forma inmediata. La vigilancia dio sus frutos. Los investigadores identificaron a dos de los presuntos miembros del grupo, ambos hombres georgianos, y los siguieron discretamente por Madrid. Durante una madrugada, observaron cómo uno de ellos abría el capó de su coche y retiraba una bolsa oculta en el interior del motor. Luego, accedieron a varios portales durante breves periodos de tiempo. En ese momento, los agentes decidieron intervenir. Dentro del coche hallaron una bolsa con herramientas especializadas —ganzúas, llaves maestras y marcadores— además de una gran cantidad de joyas escondidas dentro de un calcetín. Posteriormente, en los registros del vehículo y los domicilios de los detenidos, la Policía encontró aún más pruebas: numerosas joyas, relojes de alta gama, monedas antiguas y todo un arsenal de útiles para la apertura silenciosa de puertas. El material incautado apunta a que los detenidos están implicados en al menos 30 robos con fuerza en viviendas habitadas. Ambos han sido puestos a disposición judicial y se ha ordenado su ingreso en prisión preventiva mientras continúa la investigación.