Leo en ABC que el primer ministro británico ha decidido hacer pública la nacionalidad de los agresores sexuales. Hace un año se montó un pifostio en Reino Unido, como consecuencia del asesinato de tres niñas, porque alguien atribuyó el crimen a un musulmán, cuando en realidad había sido un galés de los de toda la vida. Eso ocurrió por la mala costumbre de sus autoridades de hurtar la información a la ciudadanía que, con razón, se siente tratada como niños de jardín de infancia. Cuando la información no fluye siempre hay algún malintencionado voluntarioso que inventa información en su propio beneficio. Aquí en España, salvo algún racista, que los hay, al resto nos importa un pimiento que el agresor sea rubito y con los ojos azules, tostadito con los ojos negros o negro azabache con labios carnosos. Lo que sí nos importa es si el agresor sexual tenía, o no, que estar ahí. Entrar ilegalmente en España no es un delito, sólo es una infracción administrativa. Pero, si además de estar ilegalmente en España, el inmigrante ilegal comete un delito y si la pena de prisión es superior a un año, debe ser expulsado del territorio español. Y es ahí donde el Ejecutivo incumple su función. La mayoría de los violadores son delincuentes reincidentes y en muchos casos con orden de expulsión. ¿Por qué siguen en España? Sólo porque, en este Gobierno, prevalece la ideología sobre la ley. José María Lorente . Valencia El eslogan 'Perdonen las mejoras' aparecido en la estación de Santa Justa suena totalmente a recochineo por incompleto, demagogo y oportunista. Las referidas mejoras no son más que las que, por falta de inversión y dejadez, deberían haber estado terminadas antes de liberalizar el sistema ferroviario para transporte de viajeros, incorporando a los nuevos operadores. Y es por eso por lo que deberían pedir perdón: por el crónico abandono de esa y otras infraestructuras, por la falta de mejoras y por tener que cumplirlas forzosamente y a destiempo, para su adaptación a la normativa europea con el riesgo del tremendo y previsible caos organizado. Con la que está cayendo, en una ciudad con las carencias de Sevilla en materia de transportes de todo orden y con las consecuencias que de ello se derivan para los ciudadanos, lo menos que se puede pedir a los responsables del desaguisado ferroviario es que encima no se pitorreen de los damnificados. Los provocadores carteles de marras deberían ser retirados antes de que a alguien se le ocurra retíralos de forma inapropiada. Confundir la tolerancia con la paciencia no suele dar buen resultado por estos pagos. Todo tiene un límite cuando se trata con el dinero público al que todos contribuimos. José Muñoz Almonte . Sevilla