Angel Maass: Banxico recorta tasa, inflación cede y Pemex en el centro del debate
La semana del 4 al 8 de agosto de 2025 quedará en los apuntes macroeconómicos como un híbrido entre alivio y prudencia: Banco de México aflojó un poco la correa monetaria, la inflación mostró más calma, el Producto Interno Bruto sorprendió con signo positivo, el peso siguió bailoteando al compás de noticias globales, y Pemex volvió a poner sobre la mesa la eterna pregunta: ¿rescatar o reestructurar? Estas no son noticias aisladas; son piezas de un rompecabezas que decide si México transita hacia estabilidad y crecimiento ordenado o se queda en la eterna transición.
Banco de México decidió recortar la tasa de referencia 25 puntos base, llevándola a 7.75%, pero lo hizo con paso más cauteloso que en rondas previas: la votación fue dividida y el mensaje transmitió que el ciclo de relajación monetaria endurece sus medidas de prudencia ante la persistencia de la inflación subyacente. No es un pase de magia: es un ajuste fino que reconoce que el ancla nominal (la meta del 3%) está más cercana, pero no garantizada. Para los mercados y para los hogares, esto significa crédito ligeramente más barato —pero sin la algarabía de recortes agresivos— y una invitación a mirar la calidad de la demanda.
En paralelo, los números de inflación de julio dieron motivos para cierta calma: la inflación general se desaceleró hacia niveles cercanos a metas recientes, pero la inflación subyacente (la que realmente manda en las decisiones de Banxico) sigue mostrando “pegajosidad”. Es decir: menos carpeteo con la inflación total, pero la grasa interna todavía quema. Esa dualidad explica por qué el banco central recortó, pero con prudencia.
Si a eso le añadimos que la economía mexicana creció 0.7% en el segundo trimestre (dato oportuno del INEGI), el cuadro se vuelve interesante: no estamos en recesión técnica, pero el crecimiento sigue siendo tímido y heterogéneo por sectores. Industria y servicios empujaron; el sector primario perdió algo de fuerza. En conjunto, el país avanza, pero con el ritmo de una persona que camina con bolsa de mercado en una cuesta: lo hace, pero cada tanto resopla.
Sin embargo, el pulso más turbulento vino de Pemex. El plan estratégico presentado por el gobierno y la propia petrolera para ordenar su situación financiera dejó a varios proveedores insatisfechos: reclamaron falta de detalles para saldar facturas millonarias y exigieron garantías más concretas. La salud financiera de Pemex no es un tema técnico excluido del debate público: es un riesgo sistémico que puede contagiar finanzas públicas, inversión y empleo. La promesa oficial de apoyo hasta 2027 es tranquilizadora en letra, inquietante en práctica.
Y luego está el mercado cambiario: el peso osciló —como suele hacerlo cuando convergen expectativas de Banxico, flujos globales y noticias corporativas— mostrando la sensibilidad del mercado mexicano a cada dato. Analistas han ajustado sus previsiones de tipo de cambio para fin de año, lo que obliga a empresarios e inversionistas a ser creativos en cobertura y planeación.
¿Qué significado tiene esto para la política económica? Primero: la prioridad debe ser la credibilidad. Banxico mostró que puede recortar sin lanzar las campanas al vuelo; el gobierno debe demostrar que cualquier plan de apoyo a Pemex viene acompañado de transparencia, condiciones y metas verificables. Segundo: la política fiscal y la inversión privada necesitan señales claras para que el crecimiento deje de depender de medidas temporales y pase a una dinámica sostenida. Tercero: los hogares y las empresas deben prepararse para un entorno donde las tasas se normalizan a la baja, pero donde la volatilidad cambiaria y los rezagos inflacionarios siguen presentes.
Con humor de economista (ese que usa Excel como terapia): no se trata de elegir entre “recortar” y “no recortar” como si fueran sabores de helado; se trata de diseñar la receta completa —materia prima, maquinaria, y la caja registradora— para que el postre macroeconómico no se deshaga al primer temblor. La semana que pasó nos dio herramientas, advertencias y preguntas abiertas. La tarea es articularlas, con valentía técnica y narrativa pública.
