Luz Araceli González: Los aranceles de Trump y su impacto en México
En los últimos días la presidente Claudia Sheinbaum ha anunciado como un gran triunfo de su gobierno la nueva prórroga de 90 días concedida por Donald Trump a la entrada en vigor de los nuevos aranceles a las mercancías procedentes de México.
No obstante, este aparente triunfalismo sólo esconde una cruda realidad, toda vez que ese anuncio sólo posterga gravámenes adicionales a los que ya están vigentes.
Es decir, se mantienen el 50% sobre el cobre, el acero y el aluminio, así como el arancel que oscila entre 15% y 25% sobre automóviles dependiendo del cumplimiento con las reglas de origen del T-MEC, también se mantiene el 25% al fentanilo y productos relacionados.
El propio Marcelo Ebrard, secretario de Economía, también ha celebrado este pírrico triunfo, y señala que no se trata sólo de una prórroga sino, una posición muy ventajosa para México… habría que solicitarle que precise las ventajas que refiere, ya que la prórroga a los aranceles del 30% es sobre todos los productos procedentes de México que no estén cubiertos por el tratado de libre comercio vigente entre Estados Unidos, Canadá y México.
Esta prórroga con la que sólo se gana tiempo, profundiza la incertidumbre y da claras señales de una anticipada renegociación del T-MEC, la que parece poco favorecerá a México toda vez que el gobierno sigue sin atender de manera contundente las demandas norteamericanas en materia de migración, seguridad, combate a los cárteles de la droga y detener el flujo ilegal de fentanilo.
Es evidente que la política arancelaria de Donald Trump en éste, su segundo mandato, se ha caracterizado por imponer tarifas generalizadas a las mercancías procedentes de todo el mundo y particularmente de sus vecinos y mayores socios comerciales: Canadá y México.
Trump está decidido a continuar su guerra comercial con aranceles que, en un primer momento iniciaron desde un 10% como base, hasta superar 140% a ciertos productos chinos en el momento más álgido de su enfrentamiento con ese país. Europa no ha escapado de estos aranceles lo mismo que Japón y otras grandes economías.
En el caso de México, si bien arriba del 80% del comercio bilateral está protegido por el T-MEC, hay una serie de bienes y sectores fuera del tratado u otros en los que se detectan prácticas de triangulación a través de México, que se están viendo seriamente afectados entre los que destacan la industria automotriz, electrónica, y de bebidas.
El caso específico de los estados del norte, como Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua, y Baja California se perfilan como los más vulnerables frente a estas políticas arancelarias y la incertidumbre de esta nueva prórroga al ser los estados que concentran manufactura automotriz y electrónica la cual depende sustancialmente de las exportaciones hacia Estados Unidos por lo que el arancel de 30% pone en riesgo un alto número de empleos y puede empujar a una relocalización de plantas productoras hacia Estados Unidos, lo cual es uno de los objetivos planteados por Trump para generar más empleos en su país y avanzar en su MAGA (hacer grande América nuevamente, por sus siglas en inglés).
Estos estados con alta concentración del sector automotriz también se verán fuertemente afectados por los continuos cruces fronterizos que determinadas piezas tienen que cumplir como resultado de las cadenas de valor manufacturera.
Aplicar tarifas en cada cruce como lo prevé la política arancelaria de la Casa Blanca multiplica el impacto negativo, ya que más del 80% de las exportaciones de estos estados tienen como destino la Unión Americana haciéndolos extremadamente sensibles a las barreras comerciales de todo tipo, incluidas evidentemente las arancelarias.
Otro de los efectos negativos será en la inversión ya que estos estados fronterizos son líderes en la atracción de inversión extranjera gracias a las relocalización también llamada nearshoring, la cual puede verse muy afectada si no se logra una renegociación verdaderamente exitosa tanto en este lapso de la prórroga de 90 días como en la propia revisión del T-MEC, lo que necesariamente golpeará en inflación y desempleo generando mayor presión social particularmente en la región norteña de México.
Es evidente que la política arancelaria de Trump busca reconfigurar no sólo la relación comercial con sus vecinos sino el comercio global a favor de Estados Unidos a través de instrumentos proteccionistas y unilaterales que parecían ya superados en la era de la globalización.
El gobierno mexicano tiene frente a sí una gran responsabilidad pues está en juego la relación comercial más importante.
No lograr acuerdos favorables podría conducir a la caída de las exportaciones, la desintegración de cadenas de valor, la desarticulación de importantes sectores manufactureros y el riesgo de una recesión con sus graves impactos en la vida de cada uno de los mexicanos sobre todo de los más vulnerables. Es momento para que la presidencia de la República anteponga el interés nacional por encima de cualquier ideología partidista.
La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.
