La asombrosa historia de un aviador que saltó de un avión en llamas sin paracaídas, sobrevivió a una caída de 5,5 km y desafió la muerte
Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1944, el sargento de vuelo británico Nicholas Alkemade vivió una experiencia increíble. Durante una misión, su caza, apodado "Hombre Lobo", fue atacado por un caza nocturno alemán. Al verse rodeado por las llamas, Alkemade decidió saltar del avión, sin paracaídas, a pesar del riesgo mortal.
Según el medio finlandés Tarouselama, el caza británico del Ejército del Reino Unido, apodado "Hombre Lobo", realizaba ejercicios cuando fue sorprendido por un caza nocturno alemán. En declaraciones recogidas por el medio, Alkemade recordó que "el avión estaba en llamas”, la torreta estaba en llamas, él también estaba en llamas. Sin embargo, pese a la desesperante situación, decidió saltar: "Podía elegir cómo morir: quemándome o cayendo rápidamente", y vivió para contarlo.
¿Quién era Nicolás Alkemade?
El sargento de vuelo Nicolás Alkemade nació en North Walsham, Inglaterra, el 10 de diciembre de 1922. Antes que se una a la guerra, trabajó como hortelano en Laoughborough, pero tras el estallido se unió a la unidad de la Royal Air Force (RAF) de la Segunda Guerra Mundial. Cuando finalizó su formación, fue asignado al Escuadrón n° 115 como artillero de cola de un bombardero Avro Lancaster.
Alkemade formó parte de una tripulación que piloteaba un bombardeo Avro Lancaster MK II, capaz de transportar las bombas más potentes utilizadas por la RAF durante el conflicto. Estos bombardeos solían realizar misiones nocturnas, por lo que el bombardeo que piloteaba la tripulación de Alkemade fue bautizada como Hombre Lobo.
Nicolás Alkemade se lanzó de su avión a 190 km/h
El aviador realizó catorce misiones exitosas con la tripulación del Hombre Lobo, y la noche del 24 de marzo de 1944 participaron de un bombardeo sobre Berlín. Tras entregar su carga útil con éxito, enfrentaron fuertes vientos que los desviaron de su ruta, y terminaron sobrevolando la región del Ruhr, el cual tenía una alta concentración de defensas antiaéreas.
La nave fue atacada desde abajo por una caza nocturno alemán, y los daños resultantes destrozaron el ala y el fuselaje del Hombre Lobo, incendiándolo. Tras notar que la aeronave estaba insalvable, el piloto ordenó a la tripulación que usara sus paracaídas para prepararse a una salida de emergencia frente a un avión en llamas.
Alkemade, solo en su torreta en la parte trasera del avión, ya estaba siendo alcanzado por las llamas. Su máscara de oxígeno de goma comenzaba a derretirse en su rostro y sus brazos estaban quemados por el fuego. Preso del pánico, buscó su paracaídas, pero se había quemado. El hombre tenía que decidir si quemarse vivo o caer muerto. Tras encontrarse entre la espada y la pared, optó por la última. Saltó en llamas sin paracaídas y, cayendo a casi 190 km/h y mirando el cielo estrellado.
¿Cómo logró Alkemade sobrevivir a su caída mortal?
El hecho inusual sorprendió a muchos. Después de la caída, Alkemade despertó tres horas más tarde, tendido en la nieve profunda de un pinar. Sorprendentemente, no había sufrido fracturas, aunque su rodilla estaba torcida debido a la caída desde 5.400 metros. Las ramas de los pinos, al ser flexibles, frenaron su descenso lo suficiente como para que la nieve amortiguara el impacto. Sin embargo, tenía quemaduras graves por el incendio y trozos de plexiglás de su pantalla antiaérea, destruida por la artillería, incrustados en su piel.
El sonido de su silbato de socorro atrajo la atención de algunos civiles alemanes, quienes lo llevaron al Hospital de Meschede. Allí, cuando recobró el habla, fue interrogado por la Gestapo. Aunque les contó su increíble historia, se negaron a creerle, sospechando que había enterrado su paracaídas y acusándolo de ser espía. Sin embargo, cuando enviaron a investigar el lugar del aterrizaje y los restos del avión "Hombre Lobo", se sorprendieron al descubrir que el paracaídas de Alkemade seguía en el avión. Nicolas Alkemade murió el 22 de junio de 1987 por causas naturales.
