¿Menos Impuestos, Más Recaudación? La Trampa de la Simplificación
La precandidata presidencial de Chile Vamos, Evelyn Matthei, ha reavivado un debate económico clásico al proponer una drástica reducción del impuesto corporativo en Chile, del 27 % al 18 % en una década. Su argumento es claro: una tasa impositiva más baja, similar a la de Irlanda (12,5 %), estimularía la inversión, impulsaría el crecimiento económico y, en última instancia, aumentaría la recaudación fiscal. “La instauración de un 27 % en Chile… nos ha condenado a un crecimiento en torno al 2 %”, afirma, alineándose con la idea de que menos impuestos significan más prosperidad.
Este planteamiento se basa, aunque no siempre se mencione explícitamente, en la Curva de Laffer, un modelo teórico que ilustra la relación entre la tasa impositiva y la recaudación fiscal: Con una tasa del 0 %, el Estado no recauda nada. Con una tasa del 100 %, la recaudación también sería cercana a cero, ya que desaparecerían los incentivos para trabajar o declarar ingresos. Entre estos dos extremos, la curva describe una forma de “U” invertida, sugiriendo un punto óptimo de recaudación máxima. A la izquierda de este punto, aumentar la tasa incrementa la recaudación; a la derecha, aumentarla la disminuye, e incluso bajarla podría, hipotéticamente, aumentarla.
La propuesta de Matthei asume que Chile se encuentra en la parte “excesiva” de esta curva. Según esta lógica, una reducción masiva del impuesto corporativo desataría una ola de inversión, formalización de la actividad económica y una disminución de la evasión, generando así mayores ingresos para el fisco. Sin embargo, este es precisamente el punto débil de la tesis: no hay evidencia sólida que respalde que Chile se encuentre en esa zona de la curva. De hecho, la mayoría de los estudios internacionales sugieren que países con cargas tributarias similares a la chilena se ubican en la parte izquierda de la Curva de Laffer, donde una baja de impuestos tiende a reducir la recaudación, no a aumentarla.
La historia económica está plagada de ejemplos que invitan a la cautela. En Kansas (EE.UU.), entre 2012 y 2017, un recorte tributario masivo implementado bajo la misma premisa resultó en una caída abrupta de los ingresos fiscales, un déficit presupuestario considerable y dolorosos recortes en áreas esenciales como la educación y la salud. Incluso los experimentos de la era Reagan en los años 80, aunque asociados a un fuerte crecimiento, vieron una reducción de los ingresos federales como porcentaje del PIB tras las rebajas impositivas.
Chile también tiene su propia experiencia. Entre 1989 y 1990, años finales de la dictadura, aplicó una reducción significativa del impuesto a las empresas de un 50% al 35% y no provocó un salto recaudatorio. La recaudación total del impuesto corporativo no experimentó un aumento, e incluso se mantuvo estancada o con una ligera disminución en términos reales, lo que contrastó con las expectativas de quienes defendían la medida. Los incrementos en la recaudación observados en años posteriores en Chile se han atribuido más al dinamismo del ciclo económico, el alza del precio del cobre y a mejoras en la fiscalización tributaria que a las bajas de tasas en sí mismas. Esto subraya que la relación entre impuestos y recaudación es mucho más compleja que una simple ecuación de “menos es más”.
Reducir impuestos sin un plan integral que incluya la ampliación de la base tributaria, un combate efectivo a la evasión y elusión, o reformas estructurales que garanticen la sostenibilidad fiscal, puede generar un vacío fiscal profundo. Este vacío suele resolverse por dos vías, ambas políticamente costosas y con impacto social: el aumento del endeudamiento público o los recortes al gasto en programas sociales esenciales, como salud, educación o seguridad.
La Curva de Laffer es una herramienta valiosa para la reflexión sobre la eficiencia del sistema fiscal, pero su propio análisis muestra que no es conveniente reducir la carga tributaria en nuestro país. Utilizarla como única justificación para recortes tributarios drásticos, sin demostrar que un país se encuentra en la “zona de exceso tributario”, es más un acto de fe que una política basada en evidencia sólida. En la práctica, menos impuestos no se traducen automáticamente en más recaudación. Lo que sí significan, casi siempre, es menos recursos disponibles para que el Estado cumpla con sus funciones esenciales y atienda las demandas y necesidades de la ciudadanía. La discusión fiscal en Chile debe ir más allá de la simplificación y basarse en un análisis riguroso de sus efectos en el desarrollo del país y el bienestar de su población.
