Desde CCOO Castilla-La Mancha muestran su apoyo al alcalde de Noblejas, Agustín Jiménez, que lleva desde el lunes en huelga de hambre para reclamar a la Junta de Castilla-La Mancha que construya un instituto en el municipio, como así les prometieron en 2007, hace ya 18 años. Ana Delgado, secretaria general de la federación de Enseñanza del sindicato, ha remitido un artículo de opinión a los medios de comunicación en el que manifiesta: «Hoy, las familias del municipio de Noblejas viven con la realidad de que al terminar la etapa de Primaria, sus hijos e hijas se ven obligados a desplazarse a otros pueblos para continuar sus estudios. Este desplazamiento diario no es algo menor, implica madrugones innecesarios, horas perdidas en el transporte, mayores dificultades de conciliación familiar y un esfuerzo extra que no deberían asumir quienes tienen derecho a recibir una educación pública cercana, accesible y segura». Además, «la situación es todavía más evidente si atendemos a la realidad demográfica, ya que el municipio cuenta con fábricas y centros de trabajo que han atraído a muchas familias jóvenes que han decidido asentarse ahí. El crecimiento de la población escolar está consolidado y ofrece garantías suficientes para que la construcción de un instituto no solo sea viable, sino necesaria. No hablamos de una apuesta a futuro incierta, sino de responder a una realidad que ya existe». Por tanto, « la disputa política entre el Gobierno local y el regional no puede ni debe influir en una decisión que afecta al bienestar de nuestros hijos e hijas. La educación no puede convertirse en campo de batalla para rivalidades partidistas o personales. Lo que está en juego no es el prestigio de una administración u otra, sino el derecho de una generación de niños y niñas a estudiar en igualdad de condiciones». Y añade: «Esto no va de egos, va de justicia». Asimismo, Delgado también cree que « la construcción del centro tendría un impacto muy positivo en el conjunto del municipio . Un instituto no es solo un edificio con aulas, es un espacio de vida comunitaria, un motor cultural y social, un lugar de proyectos compartidos que dinamiza la vida local. Allí donde se abre un instituto, se fortalece la identidad de un pueblo, se fijan familias y se multiplican las oportunidades para la juventud». Y concluye: «Un instituto en el pueblo no es una aspiración, es una obligación moral y política. Velar por la infancia debe ser la brújula que guíe a todas las administraciones, por encima de cualquier diferencia».