El presidente
Núñez llegó en 1978 y necesitó diez años para acabar con la influencia del
Madrid en el fútbol español. Pero la década de los 90 fue blaugrana. A poco de llegar preguntó cuánto cobraban los clubs por la retransmisión de los partidos por televisión. Le contestaron que nada, que solo cobraba el
Madrid: 50 millones de pesetas por encuentro. Se metió en la Federación, fue vicepresidente y prohibió que se dieran partidos por televisión hasta que cobraran todos. Tuvo un coste de imagen: los aficionados al fútbol lo demonizaron al no ver partidos, pero el resto de presidentes estaban muy contentos, aunque públicamente no mostraran su apoyo a la medida.
Núñez pagó él solo por algo que benefició a todos al final. Y acabó por popularizar aquella frase de que “siempre sale el 36”.
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