Ayuso se reivindica en la Vuelta con su triunfo en Cerler
Juan Ayuso se llevó las manos a los oídos al cruzar la meta. Una señal para indicar que no hace caso a las críticas que le llovieron después de dejarse ir en la subida a Pal en Andorra apenas 24 horas antes. La primera etapa de montaña de la Vuelta dejaba una imagen de rendición. La segunda, de éxtasis.
Ayuso se guardó todo lo que pudo cuando la Vuelta llegaba a su casa, a Andorra. Allí le esperaba su familia, sus padres, su novia y su perra, Trufa. Y salió reforzado desde allí para ganar su primera etapa en la Vuelta. Con un ataque lejano, en el puerto del Cantó, el primero de los cuatro que debían afrontar los corredores.
Después encontró la colaboración de un grupo de aventureros que se animaron a intentarlo. Entre ellos estaba Jay Vine, el ganador de la etapa del jueves en Andorra, que pretendía asegurarse vestir durante algún día más el maillot de lunares que distingue al líder de la montaña.
Lo hizo y por el camino ayudó a Ayuso a conseguir su victoria. «La primera hora de carrera la he hecho solo y luego Jay me ha ayudado mucho», reconocía Ayuso. Después, volvió a marcharse en solitario camino del triunfo.
