Frente a su deber de elaborar los Presupuestos y colaborar con las comunidades autónomas en materia de incendios forestales, el Gobierno insiste e insiste (e insiste) en que no tiene apoyos para los Presupuestos; y, una vez consumados los incendios más terribles de los últimos años, aprueba planes contra incendios, diciendo el ministro del Interior que tal actuar se hace llamar 'prevenir'. El Ministro del Interior es juez de carrera y sabe muy bien que eso se llama arbitrariedad, prohibida expresamente por la Constitución. Pero hay más en este verano del Gobierno de la vergüenza. Frente al uso reglado de La Mareta, previsto para fomentar el turismo, el Gobierno blinda el palacio y desvía su uso para las vacaciones del presidente Sánchez y familia y amigos, todo lo cual se llama desviación de poder. Y frente al acto propio del Legislativo, que ha de promover la igualdad de todos, el Legislativo se arroga amnistiar, en exclusiva, a un grupito de delincuentes, con el aval de una sentencia que se ha publicado en el BOE el 1 de agosto, quizá para tapar la arbitrariedad más grande jamás contada. Ahí está, seguramente, el quid de todo lo que pasa en España. ¿O es que los ministros y el Presidente están libres de, como dice mi hija, perder la chaveta? José Luis Gardón . Madrid Claro que los políticos no tienen porqué saber de todo, pero para eso están los técnicos de la administración, para orientarlos en los temas que ellos no controlan, antes de que tomen decisiones de las que tengan que lamentarse más tarde. «No se puede cortar la raíz de un árbol y luego extrañarse de que éste se caiga». Pedir perdón tras meter la pata por tomar una decisión sin el conocimiento suficiente o por no haber preguntado antes de tomarla a los técnicos que saben del tema, no sirve absolutamente para nada. Como dice el refrán: «Agua pasada no mueve molinos». Mario Suárez . Pilas (sevilla)