En aquel verano del 1984, el de los
Juegos Olímpicos de Los Ángeles tuvieron a medio país en vilo, despierto de madrugada delante del televisor, para vibrar con sus victorias en el mítico
Forum de Inglewood, el santuario de los mejores
Lakers, hasta la conquista de la primera medalla de plata olímpica para el baloncesto español. Aquel legendario equipo, dirigido por el difunto
Antonio Díaz Miguel, vive 41 años después entre la melancolía del recuerdo de sus gestas y el olvido de una administración pública que no les reconoce en sus pensiones de jubilación, todos los años en que sus clubs respectivos no los tuvieron dados de alta en el régimen de la
Seguridad Social. Ni tan siquiera, a partir de 1988, cuando la cotización se hizo obligatoria para todos los deportistas profesionales.
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