España es tierra de rincones cargados de memoria, donde cada valle, montaña o costa convive con un pasado que a menudo se adivina entre rocas y fósiles. Desde los tajinastes de La Palma hasta los acantilados de Galicia, el paisaje español está tejido por historias geológicas que desafían nuestra percepción del presente. Entre todas ellas, destaca una curiosidad casi desconocida: la existencia, en tiempos remotos, de una isla única e inmensa que unía Lanzarote , Fuerteventura y los islotes circundantes. Según los expertos, esta 'superisla', denominada Mahan, emergió hace decenas de millones de años y sobrevivió hasta finales del Pleistoceno , cuando el alzamiento del nivel del mar la sumergió y la fragmentó. Investigaciones científicas respaldadas por el Gobierno de Canarias estiman que Mahan se formó hace unos 40 millones de años , durante el Mioceno, como resultado de un gigantesco edificio volcánico submarino que finalmente emergió dotando a esa región de una superficie terrestre integrada. La desaparición de Mahan ocurrió hacia el final del último periodo glacial, hace aproximadamente 18.000 años, cuando el derretimiento de los hielos elevó el nivel del mar entre 60 y 120 metros , sumergiendo la tierra que conectaba Lanzarote y Fuerteventura. Este proceso dio lugar al actual estrecho de la Bocaina , una franja marina de 15 kilómetros que separa ambas islas. Desde el aire, sigue siendo posible imaginar aquella gran isla gracias a la configuración de costas, dorsales e isletas que todavía emergen como siluetas fragmentadas de una tierra unida. La explicación científica reposa en el modelo geológico del 'Complejo Basal', que identifica rocas y sedimentos antiguos presentes en Fuerteventura, Lanzarote e incluso Tenerife, como restos del antiguo edificio volcánico que permitió la conformación de aquel territorio conjunto. Ese pasado común no está solo en el imaginario, vive en la naturaleza . La flora y fauna compartida entre Lanzarote y Fuerteventura es un claro indicio de una etapa en la que la dispersión biológica no encontraba obstáculo entre ambas masas de tierra. Desde musarañas hasta plantas endémicas, todas evidencian un intercambio entre los ecosistemas de las islas. Además, hallazgos paleontológicos como nidos fósiles de abejas, restos de moluscos y aves en zonas como las dunas de Fuerteventura, apuntan a una vegetación más rica y conectada , sin fricciones marítimas entre las islas.