¿Cómo Emelec Resucitó en Quito y Prepara el Clásico de sus Vidas?
Emelec no solo ganó un partido. Ganó moral. Ganó fe. Ganó tres puntos que parecían perdidos, pero que hoy brillan como faros en medio de una temporada que empezó en la oscuridad. ¿Quién lo iba a decir? El equipo que hace meses luchaba por no descender, ahora mira al hexagonal final con ojos de campeón. Y todo pasó en Quito. En la altura. En la boca del pozo. Frente a Aucas. ¿Fue casualidad? No. Fue hambre. Fue vitamina H. Fue Emelec.
Este no es un triunfo cualquiera. Es una declaración de intenciones. Un “aquí estamos” que retumba en cada rincón de Guayaquil, en cada melecita que sigue al equipo sin importar el resultado. Porque esta hinchada no ama al ganador. Ama al que suda la camiseta. Y hoy, el bombillo está sudando como nunca.
La victoria que reactivó el sueño del hexagonal
Imagina esto: primer tiempo. Quito. Altura. Aucas lanzando todo su arsenal: pelotazos, presión, gritos, fuegos artificiales. El estadio hirviendo. Y tú, mirando el partido desde tu casa, con el corazón en la garganta, rogando que no llegue el gol. ¿Te suena familiar?
Ese fue el escenario. Un partido de ida y vuelta, con chances claras para ambos lados. Pero ahí estuvo Ruiz Gómez, con un partidazo que merece aplauso de pie. ¿Cuántas veces estuvo a punto de abrir el marcador? Dos. Tres. Si hubiera metido una, el partido habría sido otro. Pero no se desesperó. No se quebró. Siguió. Porque eso es Emelec: resistencia. Resiliencia. Corazón.
Y luego, el gol. Un error. Un descuido. Ronnie Borja, con todo el peso del mundo en sus hombros, se equivoca. Aucas marca. 1-0. El alma se va del cuerpo. Pero ¿sabes qué pasó después? Emelec no se murió. Se levantó. Como un gigante herido, sacó las garras y fue a por todo.
Y cuando llegó el empate, y luego el gol del triunfo… ¡explosión! La alegría no fue solo por los tres puntos. Fue por saber que, a pesar de todo, este equipo no se rinde.
El partido contra Aucas: sufrimiento, pasión y justicia futbolística
No fue un partido bonito. Fue un partido de guerra. Aucas, inspirado como pocas veces, jugó con el alma. Pero también hubo momentos en los que el árbitro cerró los ojos. ¿Recuerdas esa falta clarísima sobre Ruiz Gómez? ¿La patada en la pantorrilla? El VAR lo repitió. Y el árbitro dijo: “juegue, juegue”. ¿Justicia? No. Pero Emelec siguió.
Y luego, el milagro del palo. Michael Carcelén remata. La pelota pega en el travesaño… y no entra. Si entra, el partido cambia. Si entra, tal vez hoy estaríamos llorando. Pero no entró. ¿Casualidad? No. Alguien allá arriba miraba por el bombillo. Porque este equipo, aunque no lo digan los medios, merece una oportunidad.
Y no olvidemos: Aucas no es un equipo cualquiera. Le ganó a Libertad, a Manta, a Barcelona, al Cuenca. Y a nosotros nos metió un gol, pero no pudo con nuestra garra. Hoy, con esta victoria, recuperamos lo perdido con Independiente. Y si no fuera por ese golcito en contra, ¡estuviéramos ya en el hexagonal!
Los errores, las decisiones polémicas y los milagros del palo
Hablemos claro: el equipo tiene problemas defensivos. Ronnie Borja no estuvo fino. El fondo se desordenó. Pero también es cierto que el planteamiento de Duró fue clave. Después de los dos goles, pobló el medio campo. No le dio espacio a Aucas. Y eso, amigos, es inteligencia futbolística.
Y ese palo… ¿sabes qué significa? Significa que los astros están alineados. Que la fe, la hinchada, los jugadores, todo converge en un solo propósito: volver a ser grandes. Porque cuando un equipo juega con hambre, con coraje, con vitamina H, las cosas empiezan a salir.
Duró y la transformación del bombillo
Guillermo Duró llegó con dudas. Muchos decían: “no es el técnico para Emelec”. Hoy, esos mismos dicen: “¿dónde estaba este hombre antes?”. Porque Duró no solo entrena. Potencia. Saca lo mejor de cada jugador. ¿Recuerdas a Monsalve? Antes, “que se vaya”. Hoy, entra y brilla. ¿Y Ruiz Gómez? Lo mismo. Un jugador que parecía perdido, ahora es clave.
Duró sabe lo que hace. Y no solo en lo táctico. En lo físico, en lo mental, en lo emocional. Hoy, los jugadores corren como si estuvieran en Guayaquil, no en Quito. ¿Por qué? Porque el sistema de entrenamiento cambió. Porque la alimentación, la recuperación, todo está siendo revisado. Y se nota.
Jugadores redimidos: de “que se vayan” a “¡potenciarlos!”
Team Angulo. Un nombre que dividió a la hinchada. Hoy, entendemos: no fue falta de corazón. Fue una lesión acumulada. El muchacho venía sentido desde hace meses. ¿Y nadie lo notó? Ahora sí. Y aunque se lesionó, dio todo. Porque eso es lo que pide esta camiseta: darlo todo.
Y Castelli, ¿cuándo vuelve? Tiene que volver. Y León también. Porque con ellos, el equipo es otro. Pero mientras tanto, Duró ha sabido sacar provecho de lo que tiene. Y eso, amigos, es técnico de verdad.
La fórmula física y táctica que está funcionando
La clave está en el balance. Duró no juega solo para atacar o solo para defender. Juega para dominar el partido. Y cuando necesita cerrar, cierra. Con orden. Con cabeza. Y con jugadores que creen en el proyecto.
Además, hay un detalle que pocos notan: la estrategia en balón detenido. Está mejorando. Y eso puede marcar la diferencia en el clásico. Porque un tiro de esquina, un penal, puede ser la diferencia entre seguir soñando o quedarse en el camino.
Conclusión: El clásico no es un partido, es una misión
Faltan 15 días. 15 días para el clásico astillero. 15 días para demostrar que Emelec no solo juega, sino que lucha. Que no importa el rival, la altura, la prensa en contra. Este equipo está hambriento.
Y no es solo un partido. Es una oportunidad. De meterse al hexagonal. De soñar con un título internacional. De volver a sentir que el bombillo ilumina.
Así que, melecitas, no bajen la guardia. No dejen de creer. Porque si con sufrimiento ganamos en Quito, con fe ganaremos en el Capwell.
Y si el presidente Guzmán nos escucha: pónganlos al día en los sueldos. Un jugador contento, con su familia tranquila, juega con el alma. Y eso, amigos, es triple vitamina H.
Preguntas Frecuentes (FAQs)
¿Por qué Emelec está mejorando tanto con Duró?
Porque Duró no solo entrena. Confía en sus jugadores, los potencia y los hace creer. Además, trabaja en lo físico, lo táctico y lo emocional. Esa combinación está dando resultados.
¿Qué falta para meterse en el hexagonal?
Faltan tres partidos: dos en el Capwell y uno ante Orense. Si ganamos los de casa y sumamos en Machala, y si los de arriba resbalan, ¡estamos adentro! Todo es posible.
¿Quién debería reforzar Emelec para el 2026?
Necesitamos un 5 de jerarquía y un delantero que aguante la presión. Alguien como Juárez Graziani o Mondaini Escalada. Y si Duró sigue con su buen ojo para los fichajes, ¡puede llegar alguien que marque época!
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