Cisco García (Córdoba, 1982) es alguien que quita a la palabra influencer la etiqueta de superficial. En 2015 un accidente sufrió un accidente de snowboard en Austria y de inmediato, al tocarse las piernas, se dio cuenta de que no podía moverlas. De su nueva vida en silla de ruedas aquel joven abogado sacó un tenista incansable, un conferenciante que habla de la superación y una persona cuyo ejemplo en las redes sociales, con 400.000 seguidores en Instagram. inspira a los demás. Es un trabajo para mantener el aprecio del público, el valor de lo que se dice y la confianza de las marcas. Está en la lista Forbes como uno de los cien creadores de contenido más influyentes de España. -¿Cuánto tardó en convertirse en la persona que es ahora? -Creo que hay una gran parte genética. Yo era una persona muy alegre , con muchas ganas de vivir. En los cuatro primeros meses de la lesión estaba mal, pero no tan mal como imaginaba. No estaba llorando y todo el día amargado. Tenía buenos momentos y malos todos los días. Es verdad que a los cuatro o cinco meses, cuando ya vi que iba a ser definitivo, que no me iba a poder recuperar, es cuando dije, «pues pa'lante»: o te quedas llorando en el sofá o vives la vida, lo que haya, vamos a probar. Y fueron las ganas de vivir y me encantaba hacer cosas. Y yo no quería hacerme mayor y pensar que había desperdiciado diez, veinte años de mi vida llorando, triste, apagado. Dije: «Vamos a intentar vivir ». Me di cuenta de que vivir en silla no era tan complicado, la verdad. Una vez que tienes la actitud correcta es más fácil de lo que se puede imaginar. -¿Cómo lo miraban los demás? ¿Le afectaba esa mirada? -Al principio sí lo notaba. Lo que más le cuesta a una persona que se queda en silla de ruedas, que me ocurrió a mí y a todos los compañeros que estaban en el Hospital Nacional de Parapléjicos , era eso, que al salir a la calle y la gente no está acostumbrada a ver gente joven en silla. Lo ven como con pena, con una ayuda que no necesita. Y yo eso al principio sí lo sentía mucho y no me gustaba nada. Creo que en el momento en que se recupera la confianza y la fuerza ya no ocurre tanto. -¿Estremece hablar del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo? -A mí me daba pánico el nombre simplemente. Es el sitio donde uno nunca cree que va a acabar. Es la época en la que tú ya te das cuenta de tu realidad. Se te va el shock inicial y te das cuenta que recuperarse va a ser muy complicado, que tu vida va a cambiar. Lo recuerdo duro, pero es verdad que allí te enseñan mucho, te enseñan a vestirte con las manos, a hacer todo. Al final, una de las cosas más importantes que tienen allí es la terapia ocupacional, que es que te enseñan a vivir con las manos, vestirte sin ponerte de pie, pasarte de la silla a una cama. La transferencia es muy complicada porque la pierna pesa un montón, tú te caes porque no tienes control del tronco. Lo enseñan muy bien. Allí están protegidos, pero todo el mundo tenía pánico al momento de salir a la calle. Yo pedí el alta voluntaria rápido, a los cuatro meses, porque quería la vida afuera, la vida ahí no era real. -¿Y hay que ser firme o duro con quien tiene que aprender a vivir así? -Sin duda. Yo creo que la sobreprotección es uno de los grandes problemas. Una enfermera me dijo que nadie me empujar nunca la silla: «La silla te la empujas tú». A muchos se lo hacían las familias, detrás había como una procesión, y si tienes a alguien que te levanta, no vas a aprenderlo. Y yo he aprendido a base de hacerlo yo solo, de irme de viaje yo solo , de hacer todo. Y me he dado cuenta de que puedo hacer casi todo: entro a la bañera en un hotel cuando no está adaptado, salgo de la bañera solo. -¿Cómo empezó a contar en redes tantas cosas de su vida? -A finales de 2016, para contar cómo era la vida en silla. La gente cree que un tío en silla es un desgraciado. Es una persona que le pasa una adversidad más y la acepta y vive feliz, que no tienes por qué ser ni un amargado ni un héroe . Yo enseñaba mi normalidad. - ¿Y en qué se diferencia el personaje que aparece, que ve todo el mundo, del Cisco de verdad? -Es exactamente lo mismo, lo que usted ve. Enseñas menos de lo que la gente cree, porque creen que estás muy expuesto. Se equivocan: estoy enseñando cinco minutos de mi vida . Enseñas lo que quieras enseñar. Y no se tienen que tomar las redes tan en serio. En mi caso es todo real, pero hay también una parte de espectáculo. Hay mucho contenido que haces porque a la gente le gusta. Tratas de inspirar , tratas de entretener. Las redes me divierten muchísimo y me ayudaron mucho a la normalización. Y ha ayudado a un montón de gente. Cuando yo empecé en silla, yo intentaba buscar referente en redes, y no había apenas. A día de hoy cualquier persona que se queda en silla ya tiene, no sólo yo, sino un montón de gente con discapacidad que está haciendo cosas muy bonitas. Y piensan que ellos también pueden hacerlo. -Cuando uno tiene una imagen, sobre todo un perfil que inspira a tanta gente, ¿eso responsabiliza? -Es muy natural y es mi día a día y lo que enseño es lo que hago. El otro día grabé una subiéndome en el torneo de Italia a la furgoneta , una furgoneta muy alta. No es responsabilidad porque es que llevo haciéndolo todos los días y al último día me ha dado por grabarme. Lo que que sí te dan las redes es que tienes que estar a la altura para que a la gente siga inspirándole y siga motivándole. Al final tú tienes que crear un contenido de calidad porque cada vez hay más gente joven en redes y tú quieres seguir arriba. Es muy importante sobre todo para un deportista, que necesita que las marcas apoyen. -El influencer puede tener una connotación negativa. ¿Cómo es en realidad? -Sí, alguien que ha caído en gracia sin saber exactamente nada. En los últimos años se ha cambiado a creador de contenido. Una gran parte de la población ve a muchos como vividores , como la típica niña que está todo el tiempo de viaje haciéndose fotos, como que no aporta. Pero aportará moda para alguna gente. Al final que todo tiene su mérito también porque donde está esa niña que está ahí, por ponerte un ejemplo, quieren llegar millones y lo ha conseguido ella. -¿Cómo es su trabajo? -Yo hago conferencias que las tengo que trabajar y tengo que comunicarlas bien, ante 500 personas . Si eso no lo haces bien no te llaman para más conferencias. Me escribe un montón de gente en redes que le ayudo en su día a día. Todos tenemos miles de problemas, lo único que el mío es muy visible . De las redes no puedes abusar, pues acaban causando ansiedad. Pero si las sabes usar poquito e inspirarte pueden aportar mucho. -Hay gente que dice que una enfermedad grave les ha hecho mejorar y superarse. ¿Lo comparte? -Toda la adversidad te mejora, te hace mejor, te hace más duro . Eso seguro que me ha hecho más duro, más fuerte, pero a base de de palos. He escuchado a la gente decir que se alegra de haberse lesionado y creo que están un poco locos. Soy muy feliz en silla y llevo una vida que es increíble, pero yo preferiría no haberme lesionado. Cambio todo lo que tengo menos mi familia , para poder caminar. A veces se romantiza un poco la discapacidad, la adversidad, que tú no puedes cambiar, pero hay que abrazarlo como ha venido y aceptarlo, y yo soy un experto en aceptar. -¿Cuando asumió que lo suyo no tenía vuelta atrás, que no había cura? -Se asume con mucha naturalidad, de forma gradual. En los primeros dos o tres años de la lesión yo tenía la firme convicción de que iba a llegar la cura. La ciencia avanza en un montón de cosas, y yo trabajo mucho las piernas por si acaso llegara. Llevo unos hábitos súper saludables y creo que uno de ellos debe ser mantener las piernas bien para los huesos y todo. -¿Su mujer es su mejor socia? -Sí, nos llevamos muy bien. hemos tenido que aprender a vivir separados mucho, porque ahora estoy jugando unos 10 torneos anuales. Creo que es muy importante saber hacer equipo , sobre todo cuando vas teniendo hijos. Muchas veces los hijos al principio pueden tender a separar y nosotros hemos estado muy unidos. -¿El deporte es un calvario o un paraíso? -Para mí es un paraíso, es que me encanta. El otro día estuve yo hablando aquí con Rafa Guzmán, un gurú de los hábitos saludables que me cambió la vida. Si la gente supiera todo el bien cardiovascular o a tantos niveles que da el deporte lo harían sí o sí. Ahora se habla de lo bueno que es la fuerza, y siempre me ha gustado el gimnasio. Me gustaría llegar a los 90 años jugando al tenis. -De quienes lo admiran, ¿cree que tienen una imagen real de usted o lo han idealizado? -Soy muy cerrado con la gente nueva. Me paran mucho por la calle, y me piden fotos, yo soy súper agradable, pero no soy una castañuela. A lo mejor ellos esperan que yo les diga una broma o que sea más ingenioso, pero me quedo en decir muchísimas gracias. El otro día iba con mi silla, el raquetero y una maleta, y un italiano que no conocía de nada, me dijo «grande». Para mí era lo normal, pero otros pueden decir que estoy loco. -Porque usted viaja solo con su equipaje. -En Madrid voy mucho a un hotel llamado Only You y empujándolo todo todo, y tengo que ir por la calle, subiendo baches, bajando baches . Es duro, pero ya lo he naturalizado. -Pero será difícil. No se puede caer lo que lleva. -Si se cae lo levantas, y aprendes a hacerlo porque nadie te levanta. Si siempre viniera conmigo alguien y me lo llevara, me volvería más débil . -¿El ser humano siempre puede llegar más alto de lo que cree? -Hay una frase en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo que a mí me inspiró mucho: «No sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción». La gente me dice que yo soy fuerte, que hay mucha gente que se quiebra y entra en una depresión y una ansiedad. Pero cualquier persona que haya tenido un familiar con cáncer puede decir que lo ha llevado mejor de lo que todos esperaban, que es mucho más fuerte de lo que imaginamos.