Quienes fueran este sábado por la noche medio obligados al concierto de Marta Santos en la plaza de toros de Toledo, que algunos hubo por cuestiones conyugales, es seguro que se irían a la cama más felices. Pero, ¿de dónde ha salido esta joven nacida ya en el siglo XXI? Pues literalmente del salón de su casa. Allí se grabó cantando temas de otros artistas, acompañada de una guitarra, subió los vídeos a internet y, milagro, se convirtió en viral para dar pie a una carrera musical a la que todavía le están saliendo los dientes, aunque se presume que durará un rato largo. Su historia recuerda mucho a la de Pablo Alborán , hoy una estrella indiscutible. En tiempos de dictadura del reguetón, con berreos de autotune y letras de juzgado de guardia, se agradece la frescura de Marta Santos, a la que sólo le hace falta abrir la boca para comerse el mundo. Lo suyo, que tanto abunda por el sur, es talento puro. Quizá todavía arrastra cierta timidez sobre el escenario, donde se muestra poco expresiva. Sin embargo, tiene tal voz que lo demás da igual . Y, por otra parte, son detalles que irá puliendo con el tiempo. Con sudadera deportiva, pantalones anchos y pelo recogido, como si fuera al parque y no a dejar embobadas a miles de personas que abarrotaron el ruedo toledano y se marcharon encantadas, la sevillana apareció sobre las diez y diez y alargó el concierto hasta pasadas las once y media de la noche. Algo corto, pero el repertorio es aún el que es y, además, debieron de decirle que aquí los toreros se ponen a veces muy pesados hasta aburrir al personal. Marta Santos fue directa al grano, y mejor así, entrelazando esas versiones que tanto éxito han tenido ( 'La bachata', de Manuel Turizo ; 'Las cosas pequeñitas', de Nolasco; o 'Envuelto en llamas', de Los Rebujitos') con melodías propias ('Algo sencillito', que repitió; 'Corazón de melón', para la que se acompañó de un grupo de niñas; 'La vida entera' o la más reciente 'Sevilla'). Y el que quiera más, que tenga paciencia porque merecerá la pena.