En Málaga , hay quien va a la panadería de la esquina y hay quien espera toda la semana para reservar hogaza. Los segundos tienen nombre y apellidos: forman parte de The Coven , un proyecto artesanal que ha puesto patas arriba la forma de comprar pan en la ciudad. Detrás está Sara Mayorga, matrona con tres décadas de experiencia y ahora también panadera a contrarreloj. A los 51 años, con dos hijas mellizas, decidió abrir este pequeño obrador que funciona con una premisa muy clara: aquí no hay barras en exposición ni vitrinas repletas de bollos. Todo se hace bajo pedido y con una producción limitada, lo que convierte cada hogaza en una pieza casi de coleccionista. «Empezó mi afición a la cocina por necesidad cuando me fuí a Londres a vivir, ya ahí me inicié en el pan, me tiré al fango incluso haciendo Roscón de Reyes», explica. Cada jueves a las 20.00 horas, Sara abre en su web la carta de la semana. Desde ese momento y hasta el domingo a las 21.00, los clientes pueden elegir entre panes integrales, de centeno, de semillas, de pasas y nueces, o incluso propuestas más golosas como el de cacao con chocolate y avellanas. Las entregas se realizan martes y miércoles en distintos puntos de recogida distribuidos por Málaga capital y municipios cercanos como Fuengirola, Alhaurín de la Torre, Rincón de la Victoria o Marbella. No hay improvisación: las masas requieren tres días de trabajo y fermentaciones largas que marcan el carácter de cada pieza. Por eso, las hogazas no son idénticas de una semana a otra: cambian de forma, de peso o de tostado, como ocurre con todo lo que se hace a mano. El obrador trabaja con harinas ecológicas de La Fuensanta (Coín), sal marina también ecológica y masa madre cultivada por la propia panadera. A ello se suman productos de cercanía, como las pasas moscatel de la Axarquía, o colaboraciones con proyectos locales, como el cacao de Maychoco. El resultado son hogazas de corteza marcada y sabor honesto, «a pan de verdad», como lo definen quienes ya son clientes fieles. Los precios oscilan entre los 5,70 euros de las propuestas más sencillas y los 11 euros de panes especiales como el de trigo sarraceno 100%. Aunque la carta de panes ya está consolidada, el siguiente paso de The Coven apunta a la bollería artesanal. Sara experimenta con cruasanes y masas dulces, que pronto estarán en la lista de pedidos. Y no descarta en un futuro dedicarse de lleno a este negocio, sumando certificaciones ecológicas y adhesiones a sellos de calidad como Sabor a Málaga. Más allá de los ingredientes y las fermentaciones, lo que diferencia a The Coven es su filosofía: producir sólo lo que se encarga. Así, Sara se asegura de que cada pieza tenga un destino, de que no haya desperdicio y de que pueda conciliar su vida personal con su pasión panadera. El cliente, por su parte, sabe que su hogaza le estará esperando el día y la hora elegidos, recién salida del horno. En tiempos de prisa y consumo inmediato, The Coven propone otra manera de acercarse al pan: lenta, consciente y profundamente ligada a Málaga. Un proyecto pequeño, pero con vocación de quedarse.