¿Una OTAN árabe o islámica? Arabia Saudita y Pakistán marcan el rumbo
El 17 de septiembre, en Riad, Arabia Saudita, se firmó un histórico acuerdo que redefine la seguridad del Medio Oriente. Arabia Saudita y Pakistán sellaron un pacto de defensa mutua en el que se establece que cualquier agresión contra uno de los dos países será considerada una agresión contra ambos. El pacto fue sellado durante la visita del primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, recibido con honores por el príncipe heredero al trono saudí, Mohammed bin Salman.
Lo que hace especial a este acuerdo es que Pakistán es la única nación islámica con arsenal nuclear. Esto significa, en la práctica, que Arabia Saudita queda bajo el paraguas nuclear pakistaní en un momento en que la región atraviesa tensiones crecientes, tras el reciente ataque israelí en Doha la capital de Qatar.
Mohammed Bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudí y Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán. Vía X@CMShehbaz.
El pacto no nació de la nada. Según diversos reportes, llevaba dos años en construcción, pero la ofensiva israelí en Qatar aceleró las conversaciones. Ambos países mantienen desde hace tiempo estrechos lazos comerciales, religiosos y de seguridad. Riad ha sido históricamente un salvavidas financiero para Islamabad, aportando préstamos millonarios, petróleo a crédito y fondos de inversión. Y, de acuerdo a algunos analistas, también apoyó en su momento el desarrollo del programa nuclear pakistaní.
Para Arabia Saudita, este acuerdo responde a una necesidad estratégica, diversificar sus garantías de seguridad. Hasta ahora, dependía casi en exclusiva del paraguas estadounidense. Sin embargo, la inacción o incluso la colaboración de Washington frente a ataques israelíes contra países árabes —incluso aliados estratégicos como Qatar— encendió las alarmas en las monarquías del golfo arábigo.
Además, el reino saudí no enfrenta solo a Irán o a sus grupos aliados “proxys”, como los hutíes en Yemen o Hezbollah en Líbano. Sino que, paradójicamente, el mayor enemigo de Irán y sus aliados, Israel, es ahora percibido como una amenaza creciente. Las recientes ofensivas de Tel Aviv, sumadas a la pasividad estadounidense, convencieron a muchos de que deben comenzar a valerse por sí mismos.
Imágenes del bombardeo israelí sobre Doha, Qatar. Vía X@descifraguerra 09/09/2025.
En este escenario, Pakistán ofrece más que un respaldo simbólico. Aporta el ejército más numeroso y mejor entrenado del mundo islámico, cooperación militar de alto nivel, entrenamiento y potencial despliegue de tropas. Pero, sobre todo, aporta la disuasión psicológica de un escudo nuclear, la posibilidad de que un ataque contra Riad pueda ser respondido con la fuerza nuclear de Islamabad.
Aunque el uso de armas nucleares es, siempre altamente improbable, la sola posibilidad cambia radicalmente la ecuación de poder. Israel, Irán y hasta India deberán repensar sus próximos movimientos. Este último caso es especialmente sensible. La India mantiene profundos lazos comerciales y energéticos con Arabia Saudita, y la alineación militar del reino con su archienemigo, Pakistán, obliga a Nueva Delhi a recalibrar su estrategia. El propio Ministerio de Asuntos Exteriores indio ya declaró que estudiará las implicaciones para su seguridad nacional.
Por su parte, Pakistán obtiene beneficios inmediatos. Este pacto le asegura liquidez financiera, estabilidad energética y un respaldo estratégico que no viene acompañado de las estrictas condiciones del Fondo Monetario Internacional. Al mismo tiempo, refuerza su posición frente a India en disputas sensibles como la centenaria disputa en la región de Cachemira.
El trasfondo de todo esto es que el llamado “eje de la resistencia” —los grupos apoyados por Irán— hoy está debilitado tras años de ofensivas israelíes. Sin embargo, eso no ha significado más estabilidad. Para muchos países árabes, la principal amenaza ya no es solo Teherán, sino el expansionismo israelí y su proyecto de consolidarse como la gran potencia regional. Una hipótesis que ha sido planteada por las propias autoridades israelíes, reviviendo el llamado plan del “Gran Israel”, desplazando a las monarquías árabes.
Fuerzas de Defensa de Israel. Foto: Aton.
El ataque israelí en Qatar marcó un punto de inflexión. Un país árabe soberano, con bases militares de Estados Unidos en su territorio, fue atacado directamente, y Washington no hizo nada. Esa señal dejó claro que los aliados árabes no pueden confiar en que la Casa Blanca contenga a Israel.
Por eso, este pacto entre Riad e Islamabad no se limita a lo bilateral. Es la chispa que podría encender un nuevo proyecto colectivo, la creación de una especie de “OTAN árabe o islámica”, una fuerza conjunta con estructura de mando unificada y capacidad de reacción rápida. Una alianza que, a diferencia del pasado, no se centraría tanto en contener a Irán, sino en enviar un mensaje claro a Tel Aviv.
Si bien el actual pacto, solo es un pacto bilateral entre Riad e Islamabad, el resto de países en la región miran atentamente y con una perspectiva que apunta a expandir el paraguas de este pacto. Para hacer frente y proteger sus intereses regionales y nacionales frente a un Israel cada vez más desatado y envalentonado a hacer y deshacer en la región
En conclusión, el acuerdo no es solo un papel firmado entre dos países. Es un terremoto geopolítico. Redefine alianzas, introduce la variable nuclear en la ecuación de seguridad saudí y abre la puerta a una reconfiguración profunda del equilibrio regional. Un pacto que cambia, para siempre, la forma de pensar la paz y la seguridad en el Medio Oriente.
