El Arsenal devora al Atlético
Trece minutos pueden ser una vida. Trece minutos es el tiempo que pasó entre el primer gol del Arsenal y el cuarto. Entre un partido digno en el que el Atlético se subía a la espalda de Julián para que el argentino lo llevara a llevarse algo de provecho del Emirates Stadium y la tragedia.
Un drama que llegó sin avisar. Mientras el Atlético se hacía ilusiones con un empate que nunca llegaba iban cayendo los goles del Arsenal. Mientras el equipo de Simeone se animaba con lo que podía ser capaz de hacer Julián, Declan Rice iba buscando la cabeza de Gabriel para que marcara el camino de la goleada.
Estuvo en todo el central brasileño del Arsenal. Marcó el primero al rematar de cabeza un saque de falta de Rice sin que fuera capaz de detenerlo ningún defensa del Atlético. Volvió a poner Rice la pelota en la cabeza de su compañero en un córner, lo que era un pase intermedio para que Gyokeres marcara el cuarto del Arsenal. Entre medias había tenido tiempo para desviar un disparo de Giuliano que tenía pinta de empate.
Los nombres se repiten, los movimientos también, pero el Atlético no era capaz de contenerlos. Tampoco a Zubimendi, que estaba en el origen de todo. El centrocampista español movió al equipo con precisión, cada pelota llegaba a su sitio en el momento adecuado. Como el pase que puso a Lewis Skelly en profundidad y con la izquierda para que el lateral pusiera la pelota en el área. Allí entre Eze y Gyokeres se apañaron para que el sueco marcara el que era el tercero de su equipo.
No es vistoso el delantero llegado este año del Sporting de Portugal, pero es efectivo. El finalizador que necesitaba el equipo de Arteta para transformar ese fútbol agradable a la vista que le servía para llegar hasta el borde de todos los grandes títulos, en una apisonadora.
No esperaba el Atlético esa contundencia y se fue a buscar el empate después del gol de Gabriel. Con valentía, sin mirar atrás. Simeone, además, hizo tres cambios a la vez para arrimar a su equipo al área contraria. Lo hizo, de la mano de Julián, sobre todo, un futbolista descomunal que queda diluido en días como este por una goleada inesperada. Lo que consiguió Simeone, también, es dejar espacios a su espalda que el Arsenal, siempre supo cómo aprovechar.
Cuando el Atlético más remaba para llegar al empate, llegó el segundo gol, el de Martinelli. Ese fue el golpe que mandaba al Atlético a la lona y sin capacidad de recuperación.
No sólo por los goles. Al Atlético le costaba comprender que, de repente, estaba fuera del partido. Que esa hora de partido en la que había sostenido al Arsenal quedaba en nada en apenas siete minutos de inspiración. Las estadísticas decían a esas alturas que el Atlético no había disparado entre los tres palos. Pero la verdad es que Julián Álvarez había respondido al remate de Eze que pegó en Hancko y se fue al larguero con un disparo que buscaba la esquina de la portería y se fue a la madera.
El argentino había estado cerca también de mandar a gol un disparo esquinado y con la izquierda con Raya fuera de la portería, pero se le escapó por muy poco. Y suyo fue el pase a Giuliano que estuvo cerca de valer el empate a uno.
No tardó mucho en llegar el segundo de Martinelli que dejó al Atlético noqueado, con esa sensación de no saber por dónde había llegado el camión que lo acababa de atropellar. Una sensación que fue creciendo con los goles del Arsenal.
El Atlético regresa a las dudas del comienzo de la temporada, cuando nada parecía funcionar. Su única certeza es Julián Álvarez, pero no es suficiente cuando se trata de salir de un agujero negro. Un agujero que se generó en menos de un cuarto de hora.
