Esto ya no pasa en ninguna parte. Y menos aún en el fútbol español. Aquí los banquillos son sillas eléctricas donde el cortoplacismo ejecuta descargas letales.
Johan Cruyff, en sus ocho años en el Barça, dirigió 402 encuentros.
Pep Guardiola, en sus cuatro temporadas en el Club, se sentó 235 veces en el banquillo. Sumando todos los encuentros de
Johan y
Pep como entrenadores del
Barça (637) todavía se quedan lejos del hito del
Cholo Simeone en el
Atlético. El sábado, en el encuentro ante Osasuna, llegó a los 750 partidos oficiales como entrenador colchonero. Ha pasado tanto tiempo ahí que empezó en el
Vicente Calderón, pasó al
Metropolitano y el nuevo estadio ya ha cambiado dos veces de nombre. Lleva tantos años gozando de la confianza máxima de
Cerezo y de la familia
Gil a las duras y a las maduras, que hizo crecer a
Griezmann, vio como se iba al Barça, le recuperó para el Atleti cuando la afición le tildaba de traidor, le volvió a sacar máximo rendimiento y ahora acompaña al francés en el ocaso de su carrera. ¿Títulos? Dos ligas en catorce temporadas parecen pocas (y una llegó gracias a un error de
Mateu Lahoz en el último encuentro). Eso sí, catorce temporadas clasificando el equipo para la Champions tiene un enorme mérito. Y, más aún haber salido del lodazal que significa perder dos finales de la
Champions, en el último suspiro, ante su gran rival ciudadano. Solo el talante de Simeone, haciendo que sus soldados batallen cada balón como si fuese el último de su vida, permite tirar para adelante con este trauma. ¿Lo incomprensible? Que en todas las listas figure como el entrenador mejor pagado del mundo. Quizá el auténtico crack sea su agente.
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