El golpe de Trump a Colombia: suspensión de ayuda, aranceles y una advertencia militar que redefine la relación bilateral
Este domingo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una serie de medidas comerciales y arancelarias en contra de Colombia, tras un encontronazo por redes sociales con el presidente colombiano Gustavo Petro, a quien calificó de lunático y líder del narcotráfico.
Trump, aseguró que su gobierno pondrá fin inmediato a toda ayuda económica destinada a Colombia por su “inacción en la lucha contra las drogas”. “A partir de hoy, estos pagos, o cualquier otra forma de subsidio, dejarán de hacerse a Colombia”, declaró desde la Casa Blanca.
El mandatario estadounidense sostuvo que el narcotráfico se ha convertido en “el mayor negocio de Colombia” y que el gobierno de Petro “no hace nada” por detenerlo. En su habitual tono confrontacional, el republicano advirtió que si el presidente colombiano no cierra “los campos de exterminio” —en alusión a los cultivos de coca—, Estados Unidos “se encargará de hacerlo y no de buena forma”.
Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.
Más allá de la retórica, las cifras ofrecen un marco que ha alimentado el discurso de Trump. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la producción de cocaína en Colombia aumentó un 53% según el último informe del 2023, un récord de 2 mil 600 toneladas. El área cultivada con coca también creció hasta las 253 mil hectáreas, la cifra más alta desde que existen registros. Según el mismo reporte, en Colombia se encuentra el 67% de los cultivos globales de coca.
La administración Petro, sin embargo, defiende su política antidrogas. De acuerdo a datos oficiales, entre agosto de 2022 y noviembre de 2024 se incautaron mil 762 toneladas de cocaína, un número histórico que, a juicio del gobierno colombiano, demuestra que el problema no radica en la voluntad política, sino en las condiciones estructurales que sostienen la economía del narcotráfico.
Petro respondió de inmediato a las declaraciones del presidente estadounidense. A través de redes sociales afirmó que Trump “está engañado” al considerarlo un líder del narcotráfico. “El principal enemigo del narcotráfico en el siglo XXI fui yo. Descubrí sus relaciones con el poder político en Colombia”, escribió, calificando además al mandatario estadounidense de “grosero e ignorante con Colombia”.
Gustavo Petro. Foto: Dragomir Yankovic/Aton Chile.
El nuevo choque verbal entre ambos mandatarios se produjo un día después de que Petro acusara a Estados Unidos de violar la soberanía colombiana durante una operación militar en el Caribe. El gobierno colombiano denunció que el 16 de septiembre, una embarcación pesquera fue atacada en aguas territoriales colombianas, provocando la muerte de un ciudadano identificado como Alejandro Carranza.
Un reporte del medio colombiano RCTV, informó que Carranza era un pescador sin vínculos con el narcotráfico. No obstante, el Departamento de guerra de Estados Unidos sostiene que las embarcaciones atacadas eran “narcotraficantes”, y que las víctimas formaban parte de redes criminales. Sin presentar presentar aún pruebas concluyentes.
El incidente se produjo en el marco del despliegue naval estadounidense en el Caribe iniciado en agosto, bajo la justificación de luchar contra el narcotráfico que va hacia Estados Unidos. Desde entonces, Washington ha informado de al menos siete ataques contra supuestas lanchas y narcosubmarinos, operaciones que —según la administración norteamericana— han destruido grandes cargamentos de drogas sintéticas.
Pero el balance humanitario es preocupante. Los ataques han dejado al menos 27 muertos y dos sobrevivientes —uno colombiano y otro ecuatoriano— que fueron repatriados.
Lancha atacada por la armada estadounidense cerca a las costas de Venezuela. Vía Truth Social Donald Trump 03/09/2025.
Desde el plano jurídico, expertos en derecho internacional han cuestionado la legalidad de estas operaciones, incluso si las víctimas estuvieran involucradas en el tráfico de drogas. Consideran que Estados Unidos podría haber violado la soberanía de Colombia al ejecutar ataques letales fuera de su jurisdicción.
Por su parte, el secretario de guerra estadounidense, Pete Hegseth, defendió la política militar de Trump. “Estos carteles son el al Qaeda del hemisferio occidental. El Ejército de Estados Unidos los tratará como terroristas. Serán cazados y eliminados”, afirmó.
Mientras tanto, el impacto económico y político de la decisión de suspender la ayuda a Colombia ya comienza a generar preocupación. La medida implica la cancelación de cientos de millones de dólares en asistencia anual, destinados principalmente a la cooperación militar y a la lucha antidrogas.
Más de la mitad de esos fondos eran utilizados en programas de interdicción, erradicación y entrenamiento policial en el contexto de la lucha contra los narcotraficantes y el resto se dirigía a proyectos de desarrollo rural y apoyo al posconflicto.
Trump también insinuó que su gobierno estudia aplicar nuevos aranceles a las exportaciones colombianas, aunque no precisó montos ni fechas. Por ahora, la advertencia basta para inquietar a los sectores productivos colombianos, especialmente al agrícola, que depende en gran medida del mercado estadounidense.
Este nuevo episodio se inscribe en una relación bilateral cada vez más deteriorada. Durante la última Asamblea General de Naciones Unidas, Petro pronunció un discurso muy crítico hacia la política exterior de Washington. Llamó a los países del mundo a crear “un ejército más grande que el de Estados Unidos” y pidió a los soldados norteamericanos que “no sigan órdenes que atenten contra la humanidad”, en relación a su papel en el genocidio en Gaza.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, en su discurso ante la 80ª Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, Estados Unidos. Foto: Naciones Unidas.
Pocos días después, Washington revocó la visa de Petro, argumentando que sus declaraciones y su participación en una protesta pro-palestina en Nueva York habían sido “imprudentes e incendiarias”.
A comienzos de mes, la Casa Blanca también eliminó a Colombia de la lista de países cooperantes en la lucha contra el narcotráfico, aunque mantuvo temporalmente la ayuda por “razones de seguridad nacional”. Excepción que fue cancelada.
La tensión no es nueva. En enero, apenas iniciado el nuevo gobierno republicano, ambos mandatarios se amenazaron mutuamente con un intercambio de aranceles recíprocos, tras el caso de un vuelo de migrantes colombianos deportados desde Estados Unidos. En julio, Washington llamó a consultas a su encargado de negocios en Bogotá, mientras el gobierno colombiano respondió retirando a su embajador en Estados Unidos.
Ante el actual escenario, una ruptura diplomática formal no puede descartarse. La histórica alianza de seguridad entre ambos países, construida desde los tiempos del Plan Colombia, atraviesa uno de sus momentos más frágiles.
En paralelo, crecen las sospechas sobre una posible escalada militar estadounidense en Venezuela, donde el despliegue naval en el Caribe podría extender su alcance bajo el argumento de combatir las rutas del narcotráfico.
Pero más allá del enfrentamiento personal entre ambos líderes, lo cierto es que la relación entre Washington y Bogotá ha entrado en una etapa de alta tensión, con consecuencias que podrían alterar los equilibrios políticos y de seguridad en la región.
