Por Pablo Ingberg. Mucha gente recordará aquella frase que el ilustre inventor verbal Lewis Carroll pone en boca de la duquesa en el capítulo IX de «Alicia en el país de las maravillas»: «Cuida el sentido y los sonidos van a cuidarse solos». Serán menos, tal vez, quienes recuerden, porque está en una obra de más escasa popularidad, la inversión de esa misma frase puesta en boca del personaje lord Tennyson por Virginia Woolf en su única pieza teatral, «Freshwater», escrita para divertimento privado del grupo de Bloomsbury: «Cuida el sonido y el sentido va a cuidarse solo». Ambas fórmulas parecen las divisas de dos puntos de vista opuestos sobre la escritura literaria y sobre la traducción: quienes privilegian el sentido versus quienes privilegian el sonido. [...]